Cachetada a los políticos

Octubre 14, 2016 - 12:00 a.m. Por: María Elvira Bonilla

Completamos en Bogotá una semana de marchas pidiendo ¡Acuerdos ya! La derrota del plebiscito, la posibilidad de regresar a la guerra y que terminaran en saco roto los avances alcanzados en las negociaciones de La Habana, movilizó a la gente. Sacudió del letargo a una sociedad amodorrada, acostumbrada a ser espectadora pasiva de decisiones tomadas de espaldas a la mayoría por unas cúpulas no siempre representativas, que no han conducido al país por una buena senda. Los primeros en reaccionar con vigor y fuerza fueron los jóvenes. Miles de ellos. Decididos esta vez a ser tenidos en cuenta y a reclamar su derecho a vivir en un país en paz. Un sentimiento mucho más profundo de lo que se creyó, que se expresó frente al abismo, al riesgo de poder ver al país pegado en el fango de la incertidumbre o de regresar al hueco insondable de la violencia. Lo que se ha visto es un sacudón lleno de vitalidad que puede resultar premonitorio de nuevos amaneceres. Grave error el del presidente Santos el haberle entregado la dirección de la campaña del plebiscito a políticos de vieja data, con el expresidente César Gaviria a la cabeza, mañosos y sabios en triquiñuelas y en votos amarrados; en el tome y dame de prebendas y de repartos burocráticos o de contratación pública; diestros en componendas fútiles y de conveniencia que siguen atornillados a resabios electorales de un país decidido a avanzar. No entendieron que la elección del plebiscito dependía de una opinión que para convencerla de las bondades de los Acuerdos de La Habana y su significado para alcanzar la paz, se requería apelar a un líder a toda prueba, con credibilidad y convicciones profundas; una persona cierta y conectada con el país real, transparente y llana, auténtica, al estilo de personajes como el expresidente uruguayo Pepe Mujica. A quien se le puede creer lo que dice. Las multitudinarias marchas en respuesta al No son la constatación del error. Reflejan también la grave equivocación en la campaña publicitaria oficial entregada a dos multinacionales que se llevaron dinero a rodos. Los mensajes se quedaron en la superficie, en unos spots convencionales y formales, de factura perfecta como para ganar premios internacionales, pero ineficaces para comunicar; para contactar aquellas corrientes subterráneas, imperceptibles, capaces de formar oleajes furiosos pero serenos, con expresiones potentes y autónomas, que termina haciendo equivocar a los encuestadores porque tanto los sondeos como la publicidad institucional termina fatalmente atrapada en el universo de los explícitos. Contrario a lo logrado por los universitarios, que ni se conocían y sin proponérselo, se convirtieron en motores de la primera gran Marcha del Silencio que se desdobló en muchas más a lo largo del país. ¡Los unió la indignación! Qué lejos están los políticos tradicionales de estos movimientos ciudadanos que nacen y se multiplican con esa espontaneidad que se nutre, para bien o para mal, en la dinámica imparable de las redes sociales y que se convierten en fuerzas transformadoras imparables. Así nació en la mañana del 3 de noviembre en un McDonalds de Bogotá Paziempre y quedó trazada una ruta vigilante que parece no se detendrá hasta lograr que el Acuerdo con las Farc no se marchite y llegue a buen puerto con prontitud. Sigue en Twitter @elvira_bonilla

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