Así no es Santos

Así no es Santos

Abril 26, 2018 - 11:50 p.m. Por: María Elvira Bonilla

Esta frase la escuchamos a diario, refleja el altísimo nivel de desaprobación de la gestión del Presidente y su gobierno, sumada a la convicción mayoritaria de ir por mal camino. Pero en lo que se raja Santos en materia grave es en la obligación adquirida de reincorporar los 10.000 guerrilleros y milicianos de las Farc a la vida civil. No se ha sido capaz de cumplir con el Acuerdo que supuestamente contaba con todos los blindajes internacionales. El asunto se agrava con el paso de los días. Por el momento, no habrá más desembolsos por parte de los donantes internacionales hasta el cambio de gobierno.

La aparatosa e ineficaz estructura de la Consejería para el postconflicto obliga a repensar la manera burocrática de funcionar desde las oficinas anexas a la Casa de Nariño. El resultado de la inoperancia es que los dineros no llegaron oportunamente a los 21 espacios territoriales de capacitación y reincorporación y los síntomas de la descomposición de quienes le apostaron al proceso de paz parecería inevitable. Y da vergüenza como país. Vimos a los guerrilleros rasos uno a uno entregar las armas inventariadas por las Naciones Unidas y dejar atrás los alias para recuperar sus identidades de cédula en mano. Lo elemental era garantizarles unas condiciones mínimas para rehacer esquemas productivos en la legalidad, un hábitat decente con servicios públicos y los recursos mínimos pactados para mantenerse cohesionados y con escenarios de trabajo colectivo que les permitiera dignificar sus vidas.
Nada llegó oportunamente y aún no llegan los recursos para los proyectos mientras en Bogotá, la burocracia capitalina es cada día más robusta.

Pero algo aún más grande. Los llamados territorios Farc quedaron a la deriva después del repliegue de guerrilleros y la Fuerza pública ni las entidades del Estado los coparon. Los vacíos se llenan y los llenaron, tal como se había advertido, las bandas criminales, traquetos de todas las caleñas y la tentación para los desmovilizados fue in crescendo. Todo estaba cantando. A la par que se avanzaba en los Acuerdos de La Habana, un enorme documento lleno de detalles y legalismos que el Congreso no tardó en modificar en puntos sustantivos, el encargado de la enorme y desafiante tarea del postconflicto, el exministro Rafael Pardo, debía haber tenido afinadas las herramientas para volver realidad los compromisos firmados, con prioridad en la reincorporación. Nada de esto ocurrió.

Han pasado 16 meses, demasiado tiempo para insistir en la paciencia como arma de justificación. La vida sigue, dinámica, imparable. ¿Y cuál es el resultado de tanto letargo, para no usar otro adjetivo? Centenares de muchachos enredados en el rebusque en la ilegalidad, retornando a unas prácticas conocidas que estuvieron siempre amparadas entonces en el camuflado y un discurso político. No es mucho más lo que saben hacer y el compromiso, como con cualquier colombiano, era allanarles una nueva senda.

La desesperación empuja a los abismos como está ocurriendo en los territorios Farc donde se asoma guerra reciclada. Un escenario sombrío que el Presidente se empeña en banalizar para no empañar su Nobel, indolente frente a las alarmas del peligroso lodo en que empezamos a hundirnos.

Sigue en Twitter @elvira_bonilla

VER COMENTARIOS
Columnistas