Aroma de marihuana

Aroma de marihuana

Mayo 24, 2013 - 12:00 a.m. Por: María Elvira Bonilla

Hasta los Estados Unidos, históricamente el país más duro en política anti-drogas ha empezado a su entender que las medidas simplemente policivas no son solo insuficientes sino que han mostrado fracaso. Los consumidores de droga en el mundo se multiplican, la guerra por el microtráfico pone cada día más muertos jóvenes en los barrios populares y los grandes capos se reproducen y cuando caen unos inmediatamente surgen otros. La droga con su fuerza destructora hay que detenerla, pero de una manera distinta. El último informe de la OEA sobre el tema que presentó su director José María Insulza, habla de la combinación de formas de lucha. La marihuana es la primera que empieza a recibir un tratamiento distinto. Así el retardatario congreso colombiano se niegue sistemáticamente a desarrollar legislativamente la sentencia de la Corte Constitucional que hace más de diez años aceptó el uso de la dosis mínima, los hechos se encargaran tarde o temprano de hacerlos caer en razón. Las corrientes del mundo los llevarán a cambiar su dogmática posición. El gobierno de Barack Obama dio las primeras señales en su intención de ablandar las rígidas medidas de los tiempos de Bush. Fue el propio Fiscal General norteamericano, el equivalente al ministro de Justicia, quien afirmó que el gobierno norteamericano cesaría la persecución policial y judicial a los expendios de marihuana “con fines terapeúticos”, que existen en algunos estados, especialmente California. Una medida que apunta en la misma dirección de los reiterados planteamientos de los tres expresidentes latinoamericanos – Gaviria, Cardoso y Zedillo -, y que apoyan múltiples dirigentes políticos y ahora también la cabeza de la OEA y hasta el Presidente mexicano, el conservador Peña Nieto. Hace carrera la idea de que el consumo de drogas psicoactivas es un problema de salud pública que deviene en problema policial, sobre todo, por su prohibición. De allí también la alta rentabilidad económica del salvaje negocio del narcotráfico, como lo han demostrado hasta la saciedad los economistas más ortodoxos con Milton Friedman, el padre ideológico de los Chicago Boys y del neoliberalismo, a la cabeza.Avanzar en esa dirección en ningún caso podría interpretarse como que haya drogas buenas, la marihuana, y malas, todas las demás. Droga es droga y como tal siempre deberán mantenerse como sustancias de consumo controlado, como el alcohol o el juego. Pero sí debe reconocerse que no todo aquel que use ocasionalmente alguna droga es un drogadicto o está condenado a convertirse en uno. Hay estructuras psicológicas obsesivas que predisponen a las adicciones – drogas, juego, sexo – y para esas personas probar una droga puede significarles la antesala del infierno. Los experimentos del alcalde en El Cartucho empiezan a arrojar resultados interesantes en las estadísticas de seguridad de Bogotá. La prohibición del consumo de droga y su manejo como simple problema policial convierte al narcotráfico en el actual monstruo que arrasa con las vidas y dignidades de las personas, con la moral pública, la legitimidad institucional, los presupuestos y los planes de desarrollo de muchos países, con Colombia a la cabeza. Es hora de cambiar el chip.

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