Aprender a vivir en paz

Agosto 28, 2015 - 12:00 a.m. Por: María Elvira Bonilla

El filósofo francés Gilles Lipovetsky dejó en claro en la conferencia que dictó en la Biblioteca Luis Ángel Arango de Bogotá que el individualismo exacerbado de estos tiempos combinado con ese coctel de consumismo y narcisismo coloca a los seres humanos en un mundo no deseable. El auditorio repleto de jóvenes abrumados y me atrevo a decir, confundidos en ese escenario errático de realidad en la que tienen que construir sus vidas. Hedonistas que navegan o se pierden en una sociedad que no los contiene y por el contrario los lanza a ese individualismo solitario susceptible de naufragios y frustraciones del que habla Lipovetsky. Esta sociedad en la que se superpone la simultaneidad sobre la priorización, la individualidad sobre la construcción social, que estimula el consumo por encima de cualquier valor, que no genera seguridad ni proyecta sentido de futuro; que no despierta ilusiones ni provoca sueños y anestesia.El filósofo francés ha profundizado el concepto de “post-modernidad” desde que lo desarrolló por primera vez hace ya 30 años en su libro La edad del vacío en el que anticipó la catástrofe social que se ha visto en estas tres décadas. Desde entonces, se ha dedicado a observar las mutaciones de las sociedades occidentales, intentando explicar la interacción permanente de los individuos con las pantallas de Tv o de los aparatos tecnológicos o la relación de dependencia que se mantiene con la moda, el lujo, la futilidad donde la creatividad termina al servicio de un propósito: inducir al consumo. El mundo actual olvida que hay miles de causas válidas, ideales como el de pensar, actuar, la justicia, el amor, la creación, ajenas y gratificantes, ajenas al consumismo desbocado.Una reflexión que esta vez el filósofo francés quiso enriquecer en su paso por Colombia ayudando a pensar las bondades que traería el poder contar finalmente con un país en paz. Y animó al auditorio. Un ejercicio que resulta extraño porque cincuenta años de conflicto han dejado una huella tan profunda que le vuelve difícil a la inmensa mayoría de colombianos concebir siquiera, lograrse imaginar aquello que puede ser vivir en un país en paz.Los periodistas, por ejemplo, tenemos por delante un aprendizaje mayúsculo que es apartarse de la tragedia, de las malas noticias, de las estadísticas de muertos, del sufrimiento como alimento informativo para virar los sentidos hacia la comprensión de otros comportamientos humanos, como bien lo advirtió Lipovosky: “Con la paz, las fuerzas puestas en el pasado se liberan para hacer cosas bellas, surge la aspiración por cantar, bailar, crear. Para ello es necesario construir una sociedad alérgica a la violencia. Y todo esto para lograr la normalización de la democracia moderna, que equivale a la confrontación de intereses e ideas a través de debates y de pensamiento y abrirle paso a temas asociados con la protección de la naturaleza, acciones contra el calentamiento global, a favor de la naturaleza, comportamientos humanos dignificantes, generosos; causas validas que engradezcan a los seres humanos. “Con la paz se estimularía una pasión natural por la democracia”. Un sueño compartido con este gran filósofo que ayudaría a enfrentar el sentimiento de vacuidad y de desolación que a veces ahoga.

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