Antivalores que confunden

Mayo 11, 2012 - 12:00 a.m. Por: María Elvira Bonilla

Dania, la prostituta que terminó acostada con un agente del servicio secreto del Presidente de Estados Unidos en un hotel de Cartagena se convirtió de la noche a la mañana, en un personaje internacional, paradigma de éxito. De la venta de su cuerpo, que ha asumido con un cinismo y una desfachatez pasmosa no sólo le van a quedar varios miles de dólares, muchos más de los que dejó de pagarle el gringo, sino que Dania Londoño Suárez puede terminar testificando en una audiencia en el Congreso norteamericano y convertir la fragilidad de la seguridad de Obama, en un tema de debate electoral. Pueda que la prostitución exista desde siempre. Desde Babilonia, el lugar que vio nacer a las prostitutas, mujeres en cuyas faldas los hombres depositaban monedas a cambio de favores sexuales, como relata en una columna Jaime Jaramillo en www.kienke.com. Recuerda la costumbre en la Edad Media en España de colocar un ramo en la puerta de las tabernas para distinguir el sitio de las residencias particulares y ordinarias. De allí nació la palabra ramera. Algo similar ocurrió entre nosotros, cuenta Jaramillo. En los barrios o zonas urbanas ‘de tolerancia’, como llamaban a los lugares donde abundaban las casas de lenocinio en nuestras ciudades y pueblos, tenían en la puerta de acceso un bombillo rojo para distinguirlas de las familias de bien. El origen del nombre del oficio está en el verbo latino prostituere que significa poner a la vista o exhibir algo para la venta. Y todo ésto, para ratificar que como dicen los señores, es el oficio más viejo del mundo y ha existido en todas las culturas y países. Pero por más que sea así, es un oficio denigrante para cualquier mujer. Más que una héroe, Dania es claramente una villana cuyo razonamiento siembra confusión. Tanto ella como su mamá, una colombiana españolizada empleada de Carrefour en Madrid, justifican descaradamente la prostitución como una forma de ganarse la vida. Necesitan plata para poder satisfacer sus ambiciones, y dizque para la educación a su hijo (¡menuda ejemplo de educación el que le está dando!), que resultó de una aventura más, de las mismas que la han llevado a Dubai y ahora la tienen danto entrevistas en Madrid. Su ambición no es otra que lograr consumir marcas de carteras, zapatos, maquillaje, ropa y disfrute en bares, hoteles y playas, en fin, la bobada de las mentes huecas que imperan en estos tiempos.Dania es una fiel exponente de la mentalidad que le impuso la mafia a buena parte de los colombianos con la que prostituirse, atracar, hacer trampa, robarle al Estado, comprar votos, coger atajos y cambiar reglas de juego, son comportamientos justificados para lograr el propósito final: dinero. Para ascender en el espiral aspiracional que enloquece. Y ahí vamos. Dania se va a desnudar en la revista porno que mejor le pague. Va a revelar las intimidades del sexo que tuvo con el agente secreto, a quien calificó como bobo, para valorizar el libro cuyos derechos ya tiene en sus manos el eficaz agente literario Guillermo Schavelson. Y seguro vendrá película. Y lo más grave: aumenta el número de mujeres añorando la suerte Dania. Aunque en el silencio de la noche sólo le hayan quedado lágrimas para secarse, después de la jarana del día.

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