Al diablo con los políticos

Al diablo con los políticos

Febrero 13, 2015 - 12:00 a.m. Por: María Elvira Bonilla

La contienda electoral que comienza confirma lo dicho por el popular catedrático de la Universidad de Harvard Michael Sandel, cuando afirma: “Hoy en las democracias se presenta una gran frustración e insatisfacción de los ciudadanos con la política… el discurso político perdió su significado moral olvidó la importancia que para la política tienen los debates éticos sobre la justicia, el bien común y las obligaciones recíprocas de los ciudadanos entre sí”. Por haberles dado la espalda a los ciudadanos, los candidatos hablan solos y terminan elegidos por un puñado de votos, poco representativo del conjunto de la población. La gente poco cree en los discursos altisonantes y clitches, vacíos. Cali y el Valle del Cauca claramente no se salvan de esta crisis de la política cuyo desbarrancadero empezó con el Proceso 8.000. Para muestra las campañas para alcaldes y gobernadores que se anuncian permeadas por los costos inverosímiles como se vio con las del Senado que alcanzó los $5.000 millones recursos que obligatoriamente terminan recuperando con contratos, dádivas, cupos indicativos. Con los millones se pretenden sustituir las ideas, las propuestas y el compromiso con los ciudadanos-electores. Los próximos gobernantes locales muy seguramente serán elegidos por la inercia de los acuerdos partidistas aceitados por la Unidad Nacional o entre nombres avalados por el Centro democrático donde el Uribismo ha dejado huella. En el Valle y Cali se vislumbra más de lo mismo con un triunfo bastante seguro de alguno de los veteranos políticos que cargan con un historial plagado de interrogantes como son Dilian Francisca Toro, Germán Villegas, Roberto Ortiz o Angelino Garzón. Jóvenes como los conservadores Christian Garcés y Carlos José Holguín, o Nicolás Orejuela, buscan abrirse espacio sin opciones. Dificultades que ha expresado Orejuela en una reflexión que ha puesto a circular: renuncio a aceptar que se siga diciendo que no hay renovación de liderazgos. Renuncio  a creer que no hay nadie capaz  de recoger el inconformismo de una generación que necesita maneras distintas de hacer política. Renuncio  a pensar que esa misma generación esté tan desilusionada de los políticos, que prefiera tomar una posición pasiva frente al tema que una actitud proactiva frente a los asuntos públicos. También renuncio  a admitir que los caleños sigamos resignados  a pensar que esto no puede cambiar. Renuncio  a creer que en Cali no hay con quién. Y, consecuentemente, renuncio  a que por culpa de los políticos de siempre, los nuevos, los que realmente queremos trabajar por Cali con honestidad y compromiso, sigamos siendo satanizados. Por eso también renuncio  a que sigan persistiendo las viejas prácticas políticas. Renuncio a ser indolente ante el juego sucio y la propaganda negra. Renuncio  a reconocer las candidaturas en cuerpo ajeno  y a quienes comprometan su poder de decisión en aras de conseguir avales políticos y apoyos económicos. Renuncio  tajantemente a ser indiferente con la politiquería y la corrupción. Estoy convencido de que hay maneras distintas de hacer política, con ideas, altura, honestidad y responsabilidad. La ciudad se lo merece.Y tiene razón, solo que sus palabras no tienen eco frente a una ciudadanía adormecida que se niega a romper el círculo de la repetición.

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