Ahogados

Ahogados

Noviembre 19, 2010 - 12:00 a.m. Por: María Elvira Bonilla

Son innecesarias las quejas y lamentaciones sobre el invierno que tiene azotado el país. La naturaleza con su furia irresistible pasa de nuevo su cuenta de cobro frente a los daños acumulados por décadas y décadas. El nombre del problema se llama: calentamiento global. Un asunto grueso, dramático, frente al que el ex vicepresidente de EE.UU, Al Gore, hace tres años, prendió las alarmas con su documental, que le valió el Premio Nobel.El Presidente Santos puede llamar a la solidaridad y la ayuda humanitaria. Esta es una respuesta coyuntural que está bien, pero la crisis en que estamos, de inundaciones, helaje generalizado y desastres por donde se mire, tiene una razón que es la que es necesario abordar: el manejo del medio ambiente. Por una razón absurda y burocrática el presidente Uribe, que como buen ganadero era sordo y ciego frente al tema ambiental, subordinó la autoridad ambiental al Ministerio de Vivienda. Le arrebató los instrumentos con los que podría actuar e intentar regular el constante atropello que los hombres, con su voracidad extractiva, le hacen a la tierra, de la que buscan sacarle todo sin devolverle nada. De la mano de las ayudas humanitarias, Santos debía liderar campañas educativas dirigidas a proteger el medio ambiente y contribuir de alguna forma a la protección de esta esquinita del mundo llamada Colombia. Acelerarle el paso para que el Ministerio del Medio Ambiente recupere su espacio con la fuerza que podría darle una ambientalista como Sandra Bessudo y promover una reforma de fondo para que las corporaciones regionales dejen de ser una cesta burocrática, y recuperen su vocación de entes de vigilancia, protección y cumplimiento de normas para las cuales fueron creadas, con técnicos, y no politiqueros de segunda, a la cabeza.Las conclusiones de la gran cumbre de Copenhague del año pasado quedaron convertidas en letra muerte. Como también el editorial que publicaron 56 periódicos de 45 naciones, con el que llamaron al unísono a ocuparse del planeta Tierra. Decían entonces: “Si no nos unimos para emprender acciones decisivas, el cambio climático causará estragos en nuestro planeta… en nuestra prosperidad y nuestra seguridad… la cuestión ya no es si la culpa es de los seres humanos, sino cuánto tiempo nos queda para limitar los daños… El ascenso de la temperatura a 2 grados centígrados secaría los continentes y convertiría tierras de cultivo en desiertos. Podría extinguirse la mitad de todas las especies, millones de personas se verían desplazadas y el mar inundaría países enteros… Y las lluvias se volverían incontrolables, como está sucediendo ya”.Los primeros en no cumplir con ningún pacto han sido las grandes potencias, con Estados Unidos a la cabeza. Las medidas que prometió Obama resultaron tímidas por la presión de los grandes poderes económicos de su país. Los millones que se han invertido en el rescate del sector financiero no se compadecen con la apuesta pírrica a la economía verde y a transformaciones productivas con innovación.Nos estamos ahogando. Sin embargo, sigue la inconsciencia frente al fondo del problema, de manera que la estupidez nos hará hundir aún más.

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