Vivir en Uruguay

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Las olas de la modernidad que tanto anhelamos para Colombia no están...

Vivir en Uruguay

Diciembre 17, 2014 - 12:00 a.m. Por: María Alejandra Villamizar

Las olas de la modernidad que tanto anhelamos para Colombia no están en una nación imaginaria, utópica o de otro planeta. Los ejemplos de cómo hay sociedades que logran romper los moldes y dar pasos pequeños, medianos, grandes y gigantes para ganar en la convivencia y el progreso, están muy cerca de nosotros. En América Latina, una región a la cual muchas veces no somos conscientes de pertenecer, ni en términos culturales, políticos y económicos, hay sociedades que están ganándole la partida a las condenas históricas del atraso, la violencia, la pobreza y el complejo de inferioridad. En este lado del mundo hay países más liberados de los límites que imponen las ideologías, que han aprendido de las convulsiones para permitirse dar un paso a una transición tranquila y con visión de futuro. Uruguay, por ejemplo. Fíjense que sosiego transmite su gobierno y de qué manera se tramitan los cambios profundos que ha inspirado ese desapego del poder por el poder. Las elecciones que acaba de ganar Tabaré Vásquez, que aún no se sabe cómo se las arregle para dar la talla del presidente Mujica, fueron tranquilas, como quien elige por uno o por otro, asumiendo que la democracia se puede ejercer en una cotidianidad liviana, con reglas claras, sin sospechas acechando detrás de lo público y de lo privado. Legalizaron el aborto y la marihuana, aceptaron el matrimonio gay, no tienen complejos con el capital extranjero, administran sus diferencias a través de la política, pero sin agresiones descomunales que dejen tirado al adversario en la lona a punto de desangrarse. Y sí, claro, es un país con una historia distinta; son más pequeños, por lo tanto más fácil de mantenerse unidos; aún así tuvieron su guerra y la superaron, tuvieron quiebras y también crisis económicas, ahora mismo no la pasan tan bien por los coletazos de Argentina, pero saben en dónde ponen los pies, y se han permitido abrir los brazos para volar. Uruguay es un ejemplo para naciones atormentadas como Colombia o Venezuela que parecen pender de un hilo cada día. En las que la política es un agobio y donde a los líderes les cuesta mantenerse al frente de sus causas sin hacerle daño al otro. Lograron una apertura mental que permitió la entrada de nuevos aires, de ideas refrescantes de quitarle las arandelas a las decisiones que eran más apremiantes, que parecían incorrectas, que se veían imposibles, pero que como fueron arrojadas y valientes inspiraron a su gente a abrir el pensamiento y permitirse vivir en una sociedad más civilizada. Siendo en Colombia tan modernos, con una clase dirigente culta, preparada, llena de talentos, algunos fugados, de cerebros prodigiosos que hacen aportes maravillosos, ¿por qué en Colombia parece lejano lo obvio y son impensables los cambios necesarios sin que éstos se conviertan en un campo de batalla? ¿Por qué no se pueden simplificar los conceptos y apelar al sentido común? Algo poco usual en el perfil de los políticos de oficio que diluyen su poder en la búsqueda de las prebendas personales o de su grupo de allegados. ¿Qué karma no logramos expiar para que nos hagamos un favor a nosotros mismos y archivemos los viejos esquemas mentales que nos atan al atraso?Como empiezan las reflexiones de fin de año, se me ocurrió compartirlas en este espacio, porque cada vez con más frecuencia se me pasa la idea de que en la búsqueda de esas respuestas se nos va a ir la vida, y que quizá sea mejor que mientras aquí los líderes con los que contamos, nos guíen hacía las respuestas, nos vayamos a vivir a Uruguay.

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