‘Su’ punto final

‘Su’ punto final

Septiembre 24, 2014 - 12:00 a.m. Por: María Alejandra Villamizar

El debate fue hace una semana, y aún se sienten las consecuencias de su impacto. Fue como una tormenta que no se podía evitar; como una tragedia anunciada, pues ya se tenía evidencia de la profunda fractura que divide a la clase política. Tarde o temprano esta provocaría ese movimiento telúrico en la superficie del Congreso. ¿Era o no necesario remover el pasado?Unos creen que no hay nada nuevo en los señalamientos y que revivirlos sólo aumentará los rencores. Sacarse los trapos sucios al sol aumenta las dudas de los ciudadanos sobre la legitimidad de las instituciones y de sus representantes. El reproche recíproco es interminable y la agenda nacional se recicla en las acusaciones que marcan la historia y que siguen vivas porque no tienen un punto final.Otros consideran que sí es necesario. Que son asuntos que determinan el presente de los males del país. Que sólo hasta conocer la verdad se podrán pasar las páginas hacia el futuro, por eso le siguen otorgando la palabra a la Justicia para que se encargue de cerrar el círculo vicioso.Habrá seguramente otras posturas que no vean todo negro o blanco y que opten por una postura media. Algo como una construcción conjunta de la verdad, en la que se reconozcan pecados de todos los tiempos y que en una especie de acuerdo nacional se logre dar vuelta a la página. El tiempo se ocuparía entonces de expiar en la conciencia de cada uno de los actores, las consecuencias de sus verdades y de sus silencios; y los ciudadanos de ejercer sus derechos y expresarlos en el voto.Pero los protagonistas de la coyuntura no se caracterizan por quedarse a mitad del camino. Heridos por el dolor como víctimas, y convencidos de que en cada caso tienen la verdad, Álvaro Uribe e Iván Cepeda van a insistir el uno en la culpabilidad del otro y no cesarán en sus propósitos hasta tanto no los satisfaga un veredicto final. Dado que la confrontación que hoy protagonizan no los involucra a ellos solos sino que cada uno en un lado opuesto del espectro ideológico agrupa aliados y enemigos dentro de la misma clase política, y por consecuencia a sus votantes esta tensa situación replica el temblor, lo hace permanente y convierte la agenda nacional en una constante ansiedad, zozobra e incertidumbre.El diagnóstico lo tenemos claro, tanto que me temo no aportar mucho a lo que cada generoso lector que le dedica unos minutos a este espacio ya ha sentido o leído durante esta semana, sin embargo me atrevo a lanzar desde este espacio de reflexión sobre la política y la paz un llamado a los protagonistas de la confrontación. El poder de los grupos ilegales, del narcotráfico y de la violencia se potencia cada vez que la clase política les deja constancia de su debilidad. El Estado pierde fuerza y claridad en su tarea cuando quienes lo representan dejan dudas sobre su probidad por el servicio público.A pocos ciudadanos les va a cambiar la vida si uno de ustedes es paramilitar y otro guerrillero. La gente vive el día a día, peleándose un lugar en el mundo, ejerciendo el rol en la sociedad que quiere o que puede tener. Las personas esperan aprender a vivir mejor y disfrutar de las cosas simples para sentirse felices. ¿Es tan enconado el odio y tan trascendental la defensa de su verdad, como para llevarse consigo el esfuerzo de esta gente buena?. ¿No es acaso más valiente ejercer como representantes de una democracia de futuro? Encuentren ya su propio punto final, sanen el ayer en la intimidad de su dolor, y no nos involucren más. ¡Qué cansancio!

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