Preparativos íntimos para la paz

Preparativos íntimos para la paz

Agosto 14, 2013 - 12:00 a.m. Por: María Alejandra Villamizar

Hay que tomarse en serio la frase del jefe negociador del gobierno Humberto de la Calle según la cual “Nunca se había avanzado como ahora en un proceso de paz con las Farc”. Para muchos la frase fue retórica, pero es cierta y por lo tanto debe servir para que cada colombiano haga un plan de preparación para cuando llegue el momento. Y estamos hablando del mediano y largo plazo, porque la firma de un acuerdo de paz se traducirá en cambios en la vida personal y en la forma de concebirse como ciudadanos de este país. La primera etapa de esa preparación es hacer una lista de los interrogantes que arroja un país sin guerrilla. Pensemos en las preguntas íntimas que tenemos sobre un escenario desconocido. Por ejemplo: ¿Permitiría a quienes dejarán la guerra que comiencen una nueva vida? ¿Puedo ver el lado humano de quienes empuñaron armas? ¿Aceptaré exguerrilleros en mi empresa? ¿Estaré tranquilo si mis hijos estudian junto a los hijos de los desmovilizados?De esa lista es bueno identificar cuáles parten de los temores o prejuicios quizás inconscientes, que nos empujan a ver ese panorama como un horror que no quisiéramos vivir. En seguida es bueno respirar y responder a estas pregunta: ¿Prefiero que sigan en las armas? ¿Si hoy no tienen nada que ver conmigo, por qué ahora sí? O enfrentar el pensamiento temerario que traiciona la lógica: ¿Preferiría que los maten? Mi respuesta es sencilla. La tomo de una frase que le oí al padre Leonel Narváez: “El perdón es un acto de aseo personal”. Si queremos sentirnos ‘limpios’ podríamos prepararnos para perdonar y mirar al futuro.El siguiente paso trasciende el fuero de lo personal y entra en el fuero del ciudadano que tiene derechos, entiende las normas de la democracia y propende por ella. Es una reflexión sobre el país. Mejor hacer la lista por escrito, pero si opta por evitar alguna constancia de su ejercicio, déjelo en el imaginario, es válido igual. Sin importar el Presidente que esté en el poder, es decir sin pintar de color político o ideológico, cómo respondería estas preguntas: ¿Valoro que se pongan fin a los combates en los que mueren o quedan heridos soldados y guerrilleros? ¿Entiendo el impacto que tendría para los campesinos que puedan vivir en el campo sin el azote de la guerra? ¿Comprendo las oportunidades que llegarían para el país si la agenda de prioridades para la atención del Estado no son las Farc o el ELN? ¿Creo que un acuerdo de paz logrará un consenso para no repetir la barbarie como horizonte de futuro? ¿Quiero vivir en un país donde exista un debate franco, directo, pero sin armas entre la izquierda, la derecha, el centro y todos los partidos políticos? ¿Qué cambios aceptaría para dejar en el pasado el recuerdo de un país en el que se matan colombianos entre sí?Para este ejercicio sugiero imaginar un lienzo blanco sin trazos de color ni forma predeterminados para ser capaz de hacerse libremente las preguntas. Hágalo solo para que responda su verdadero yo. Luego comparta sus respuestas. Y si cambia sus respuestas iniciales, sabrá qué tanto influye en usted el entorno que lo rodea.La paz que está en proceso en La Habana, así como la que aterrizaría en el diario vivir, es un escenario desconocido y sobre la que estamos en ejercicio de creación. Si nos damos cuenta de nuestros temores y de las preocupaciones comunes sabremos que las dificultades son menos complejas de resolver de cómo las pinta el escenario de los intereses políticos que están en el debate nacional. La paz no es de Santos, y la guerra no es de Uribe. A ninguno le cambiará la vida en uno u otro escenario. Pero al resto de ciudadanos sí.

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