Mis dudas

Mis dudas

Septiembre 25, 2013 - 12:00 a.m. Por: María Alejandra Villamizar

Hay una preocupación general por el clima político del país. La incertidumbre se respira en todos los ambientes y aunque es un estado permanente de esta atribulada realidad colombiana, hoy parece más larga y cortas las respuestas.La primera y madre de todas, es el proceso de paz. ¿Eso sí va a alguna parte? Y la respuesta es sí. El proceso tendrá consecuencias, aun no se sabe si serán para la pacificación o si serán para una fase más avanzada de la guerra. En Colombia reina el pesimismo pues la historia enseñó a desconfiar de la efectividad del dialogo, pero no es igual la mirada de la comunidad internacional que entiende que la paz no es un asunto de uribistas y santistas, sino un tema de humanidad y de modernidad de una sociedad estancada.Otra duda es el modelo de país que se desprenderá de un acuerdo de paz. A los empresarios e industriales les preocupa que la paz abra la puerta a proyectos políticos que pongan en riesgo el capital, y el futuro de la inversión. Una duda que surge del cálculo miedoso de que la construcción de un nuevo país excluya sus voces y sus intereses. La respuesta solo está en ellos mismos. Si se meten en el ruedo y participan en la promoción de los valores democráticos de una nueva economía, incluyente y boyante para todos, en procura de la equidad y del desarrollo, calmarán sus angustias. No se puede dudar en que el país sería más prospero si se logra un consenso social en el que la violencia no frene el crecimiento.Hay dudas de carácter político electoral y están concentradas en la viabilidad de los proyectos políticos que actualmente están en proceso para tomar decisiones.La más común es con qué fuerza el uribismo logra instalarse en el escenario nacional como símbolo de oposición constructiva o si, por el contrario, tendrá músculo para ser el palo en la rueda del propósito nacional de paz. La duda que plantean a diario los uribistas es si habrá total impunidad para los guerrilleros. Argumento repetitivo, mas no menor, pero que es utilizado como caballito de batalla para descalificar el intento de acuerdo. El uribismo es una realidad y su tendencia derechista es clara, y es una contribución al nuevo país en construcción, pero acaso, ¿no podría el expresidente Uribe contribuir a unos acuerdos mínimos para alcanzar el fin del conflicto?La Unidad Nacional tiene entre sus definiciones la duda sobre la reelección de Santos, que solo se despejará en dos meses. Dentro de los partidos hay tensiones que contribuyen a la incertidumbre. ¿German Vargas Lleras juega limpio, y si Santos no se lanza, tiene que ser él su heredero? A estas alturas por su vinculación con el gobierno no se sabe si pretende montar una campaña propia. Vargas resquebrajó la confianza que había logrado de trabajador firme de un proyecto político, pero la U tiene la duda sobre si se quiere asegurar de que le llegó el turno.¿Habrá tercería? La eterna dificultad de los partidos minoritarios para lograr un acuerdo que les permita disputar el poder y que convoque a los que no entran en la polarización, es real, y por eso cada día se ve mas lejano. Tampoco está incluido el Polo, partido de izquierda que va en solitario. La duda es si primará su esfuerzo por la propuesta de centro izquierda o si de nuevo fracasará y se irán por su cuenta, lo que les hará muy difícil ser una opción distinta a los partidos tradicionales.Las dudas están sobre la mesa. Las respuestas podrían tenerlas los ciudadanos, que ojalá impongan la agenda. Que los dirigentes sientan que hay un mandato de la sociedad y tomen las decisiones que le convengan al país, y no solo a ellos en pequeños mundos de egos y vanidades.

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