Matar es el deporte nacional

Matar es el deporte nacional

Marzo 26, 2014 - 12:00 a.m. Por: María Alejandra Villamizar

A algunos aún les cabe duda de que la guerra en Colombia es cruel y que lo ha sido siempre. Desde que el corte de franela se usó en los años 50 cuando los liberales y los conservadores se devanaban a punta de cuchillo, pasando por los paramilitares que cremaban en hornos para hacer ladrillos a sus víctimas y ni guardaban las cenizas; hasta hoy, cuando existen descuartizadores en Buenaventura que cortan a gente viva y echan al mar las partes de su anatomía, y guerrilleros que son capaces de degollar a un policía, según ellos para que no se oigan los disparos en medio de una persecución.Matan también en las calles por un celular o por una cuenta de taxi, por celos o por un equipo de fútbol. Se dispara a otro por plata o por subirle el volumen a la radio. Se mata porque sí y porque no. Se mata todos los días, se matan por docenas.Se tira a matar con un carro bomba que explota en el parque central de Inzá en el Cauca o con el misil que cae desde el aire con cientos de kilos de dinamita y vuela un grupo entero de hombres y mujeres. Unos se mueren, porque la guerra trae consigo la muerte, y otros quedan heridos de por vida porque la guerra deja secuelas eternas. Pero eso no basta. No es suficiente con matarse unos a otros, los muertos se entierran, pero los vivos permanecen. Y lo peor es que siguen viviendo, pero eso sí, con el recuerdo de la crueldad, del dolor, del sin sentido de lo absurdo. Nadie entiende por qué es que hay guerra. Por qué es que parecemos lobos despedazándonos las carnes, y solo un pequeño porcentaje de ciudadanos se entera, pero una gran masa apenas lo percibe y a veces decide indignarse. Otros muchos, casi los mismos de siempre, en vez de pedir que se detenga la barbarie, piden más guerra: ¡Guerra!, gritan como si se tratara de tocar un trompeta y quedarse en la barrera a ver el espectáculo. El asesinato de los dos oficiales de la Policía en Tumaco es muestra de esa crueldad permanente en la que vivimos. Las demandas internacionales sirven de telón político, pero lo cierto es que hay un escenario real para reclamar esas muertes. Al menos con el grupo que reconoce el acto, está sentado el Estado tratando de detener esa barbarie. Acabar con la mesa de La Habana no impedirá mas crímenes como este.Si la guerra con las Farc sigue, existirá el pretexto de matarse, de la manera que sea. Las normas de la guerra, que se llaman en versión civilizada Derecho Internacional Humanitario, existen en el papel, pero poco en el terreno en el que para los armados las que valen son las reglas de la muerte. Mesas de diálogos para buscar la paz, las que sean necesarias y por el tiempo que se tomen los acuerdos. Desde hace años a mí la guerra me asquea, y el asco comienza por saber que no hemos logrado ser una sociedad capaz de tomar las riendas para exigir que matar no sea un deporte nacional. Suena ingenuo pero, ¿cómo mas? ¿O nos matamos todos con todos de una vez por todas y ganamos medalla de oro en las olimpiadas del mundo de los bárbaros? En todo caso, ya la merecemos.

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