En nombre de la Constituyente

En nombre de la Constituyente

Junio 19, 2013 - 12:00 a.m. Por: María Alejandra Villamizar

Con el avance de las negociaciones en La Habana aparecen sobre la mesa cartas de más alto valor. Esta ronda comenzó con el contrapunteo de Constituyente sí, Constituyente no. Se llame o no así el escenario para cerrar el conflicto, lo que evidencia el debate es que los temas que debe afrontar el país no son de bajo calibre, que el proceso va en serio, y que con esto no se juega ni por uribista, ni por santista, ni por progresista o por comunista que se sea.Todos los protagonistas de la política miran los riesgos en el proceso de paz desde el temor que les genera imaginar su lugar en un escenario que no tiene el punto de llegada seguro. Pero es que la paz está en proceso, y es verdad que no tiene su futuro definido. Sorprende entonces, que se tomen como verdades únicas las posturas de las partes y que a partir de ahí se alimenten imaginarios para llegar a la conclusión simplista de la sin salida a la guerra. ¿Es la constituyente un inamovible? No; repito, la paz está en proceso. El gobierno niega en público la posibilidad de la Constituyente y de manera tajante, queriendo ganar el pulso en las portadas de revistas, le sube el precio a una propuesta que pudo ser interpretada de muchas maneras, pero que ahora es de una sola. “No vamos a negociar por los micrófonos”, repetía De la Calle. ¿Será que se le olvidó? Es obvio que no es un olvido, sino una salida calculada para enviar el mensaje. La portada de Semana significa que el gobierno consideró este punto trascendental, y para atajar el uribismo que es el motor de casi todas las decisiones del presidente Santos, alimentó el debate. Decir que la Constituyente “no va”, lejos de acabar la idea de las Farc, le da vigencia. Lo cual tampoco está mal. ¿ Será por ahí la cosa? Ojalá, pero no lo creo. Por su parte, las Farc aprovechan la oportunidad para responder en varios formatos y escenarios. Hacen una contrapropuesta para argumentar por qué insisten en la idea y lamentan lo que califican como “miedo” del establecimiento. Hay algo de verdad en esto. Entre las opiniones de fondo, sobre la conveniencia o no de la Constituyente, ganan protagonismo interrogantes que tienen que ver con el cálculo de cómo quedarían representadas las fuerzas políticas de cada actor político. “Se le abre espacio a Uribe, qué peligro”, dicen los antiuribistas; “Queremos constituyente porque seremos mayoría”, aseguran los afectos al expresidente; “Se la ganan los partidos de la Unidad Nacional”, dicen los del Polo. Y los de la Unidad Nacional no opinan. Ya lo dijo el gobierno y ellos hacen caso.Las Farc hablan de Constituyente popular, pero desde hace años lo hacía Jacobo Arenas, es decir que en el horizonte de sus perspectivas para un proceso de paz, no es una carta recién aparecida. ¿Cuál es la sorpresa? Por qué no pensar cuál es la carta de reemplazo para esta idea. El lenguaje de las Farc no es perentorio, parece incluyente y convocante. ¿Si quieren construir una salida, por qué no pensar cuál puede ser?Normal en una negociación que se ventilen ideas de unos y otros. Ideal que se susciten reflexiones sobre el modelo de paz que se quiere construir. Positivo que una sociedad urbana, que no se despeluca ni con la paz ni con la guerra, le abra las puertas a la discusión de forma tranquila, sin llamados al fin de los diálogos. Lo que hoy se llama Constituyente mañana podría llamarse diferente, no tiene que ser la figura constitucional, el tema de fondo es sí las reformas que necesita el país se las atribuimos al proceso de La Habana, o si de La Habana solo se quieren los fusiles.

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