Zeus contra Júpiter

Agosto 14, 2013 - 12:00 a.m. Por: Marcos Peckel

Cuarenta y cuatro feligreses fueron masacrados a bala hace dos días al interior de una mezquita en el norte de Nigeria por el grupo radical islamista Boko Haram, responsable también del asesinato en los últimos años de miles de cristianos en ese mismo país, muertos en sus iglesias, escuelas, plazas de mercado o viviendas. En Iraq y Pakistán la cuenta se ha perdido de los miles de shiítas asesinados en atentados suicidas cometidos por sunitas radicales afiliados a Al Qaeda, especialmente en mezquitas y peregrinaciones religiosas.En Myanmar -antes Birmania- centenares de musulmanes Rohynga han muerto a manos de monjes budistas que han incendiado aldeas y casas de esta minoría religiosa causando un desplazamiento masivo. En Egipto el 10% de la población total de cristianos Coptos, una de las más antiguas sectas de la cristiandad, ha sufrido atentados, linchamientos, quema de iglesias y homicidios a manos de extremistas radicales islámicos. En Cachemira un disputado territorio entre India y Pakistán, se prende nuevamente la mecha del conflicto religioso entre hindúes y musulmanes. En el Levante, Siria, Iraq y Líbano, arrecia la guerra fratricida entre sunitas y shiítas arropada por un conflicto regional entre el Irán shiíta y el mundo árabe sunita encabezado por Arabia Saudita. Son centenares de miles los muertos en esta guerra caracterizada por una sevicia sin límites, donde los carros bomba diarios se han vuelto parte del paisaje. Al Qaeda que inició su ‘jihad contra cruzados y judíos’ en 1998 ha vuelto sus armas principalmente contra los shiítas, la mayor de las minorías islámicas. Sudán del Sur se convirtió en el Estado 194 después de escindirse de Sudán tras una cruenta guerra religiosa entre los musulmanes del norte y los cristianos del sur. El conflicto palestino-israelí, territorial en sus comienzos, ha adquirido en los últimos lustros connotaciones religiosas, con la aparición de grupos radicales judíos e islámicos, que dificultan seriamente su solución.En ocasiones ha sido positivo el rol de la religión en movimientos sociales. La lucha por la independencia del Tíbet la lideran monjes budistas tal como lo habían hecho en Myanmar hasta hace pocos meses cuando el régimen emprendió serias reformas democráticas. Igualmente positiva la influencia de la Iglesia Católica en el sindicato Solidaridad en Polonia y en la revolución sandinista o la participación activa del clero islámico en la democratización de Indonesia. El Islam juega un papel preponderante en la ‘primavera’ árabe cuyo desenlace es lejano e incierto. Sin embargo, en amplias regiones del planeta arrecian las guerras religiosas, tales como las que asolaron a Europa por siglos hasta la paz de Westfalia. En el nombre de Dios, sea cual sea este, en pleno tercer milenio, se están cometiendo atrocidades que en teoría deberían ser contrarias a las enseñanzas ‘pacifistas’ de las religiones. Hasta el Budismo cuya premisa fundamental es el “no matarás” empuña la espada o mejor el AK47 para someter a sus oponentes. Templos de oración, mezquitas, iglesias y casas de Dios, se han convertid en mataderos de feligreses inocentes al momento de elevar las plegarias a sus dioses. La supuesta separación de Estado y religión es una bonita teoría de las ciencias políticas occidentales pero en otras latitudes el mismo concepto es incomprensible y en muchos países de ‘occidente’ de la teoría no pasa. La religión que en ocasiones sirve como catalizador de paz y convivencia también oficia como fulminante de guerras y barbarie. Unas de cal y otras de arena. Incluso con Dios.

VER COMENTARIOS
Columnistas
Publicidad