Y los Castro ahí

Marzo 13, 2013 - 12:00 a.m. Por: Marcos Peckel

Dwight Eisenhower era el presidente de Estados Unidos y Alberto Lleras el de Colombia cuando los barbudos de la Sierra Morena se tomaron el poder en Cuba encabezados por un brillante abogado, egresado de la Universidad de La Habana, Fidel Castro Ruiz, quien años antes había participado en una intentona de derrocar al dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo Molina. El presidente Kennedy intentó derrocar el régimen de los Castro con la fallida invasión a Bahía Cochinos antes de sucumbir a las balas de un francotirador cuyos motivos aún no se conocen. La CIA, según diferentes versiones trató en repetidas ocasiones de eliminar a Fidel mientras que la OEA bajo la secretaría del uruguayo Jose Mora, expulsó a Cuba en 1962. Personajes todos que para las generaciones de hoy parecieran de la prehistoria americana, excepto los inefables hermanos Castro, Fidel y Raúl, en un historia representativa del realismo mágico de nuestras tierras, quienes aún prevalecen y son estrellas en el firmamento continental. Cuánta historia ha pasado por las Américas en este medio siglo. Ya hace años que no están Somoza, Goulart, Pérez Jiménez, Pinochet, Stroessner, Banzer, Torrijos, Bordaberry, los sanguinarios dictadores argentinos ni los exóticos militares centroamericanos de bigote y charretera. Pasaron por la Casa Blanca once presidentes, la guerrilla salvadoreña firmó la paz y llegó al poder en las últimas elecciones, el PRI fue desbancado en México y regresó. Y los Castro ahí.En el mundo se acabó la Unión Soviética, obtuvieron su independencia decenas de países nuevos, China abrazó el capitalismo y se convirtió en potencia, estalló la ‘primavera árabe’, cayó el apartheid en Suráfrica y Mandela llegó a la presidencia, murió Arafat, el hombre llegó a la luna, Alemania se reunificó, Tito murió y legó un baño de sangre en la antigua Yugoslavia, las excolonias portuguesas africanas a las que Cuba había enviado tropas a “defender el socialismo” se convirtieron en las fronteras del capitalismo salvaje y paraíso de recursos naturales explotados por los chinos, ocurrieron los atentados de septiembre 11 contra Estados Unidos y la muerte de su gestor, Osama bin Laden. Y los Castro ahí. No simplemente ahí, sino con renovado protagonismo. Lo han sido con la pasión, enfermedad y muerte de Hugo Chávez quien apenas era un vástago en Barinas cuando los Castro ya eran amos y señores de la mayor de las Antillas. Surrealista el espectáculo de dos presidentes, Chávez y Castro deambulando en sudadera por pasillos no identificados de algún edificio de la capital cubana, lugar al cual llegaba la romería de los áulicos y familiares de Chávez a coordinar con los Castro la historia que le contarían al mundo de lo que supuestamente acontecía con el teniente coronel. Fungían los Castro además de porteros, negándoles la entrada a la habitación donde convalecía el mandatario venezolano a colegas presidentes que habían hecho la peregrinación a la isla.Como premio adicional, en la reciente cumbre de esa organización fantasma llamada Celac, Raúl Castro fue nombrar presidente pro tempore. Y como colofón de esta historia aparece el proceso de paz entre el gobierno colombiano y las Farc, guerrilla surgida a los pocos años del triunfo de la revolución cubana, mediado por no otro que los hermanos Castro Ruiz.Tras los fracasos de Caracas, Tlaxcala y el Caguán, los Castro parecieran querer ser los redentores de la paz en Colombia, país que ha tenido doce presidentes desde aquel lejanísimo primero de enero de 1959 cuando comenzaba la era castrista.

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