Una buena y una mala

Una buena y una mala

Marzo 28, 2012 - 12:00 a.m. Por: Marcos Peckel

Esta semana el continente africano fue fuente de dos acontecimientos que aunque, en apariencia opuestos, simbolizan en parte la atribulada historia de ese Continente. En Senegal hubo elecciones y la buena noticia fue que el presidente actual, Abdoulaye Wade, perdió en las urnas y aceptó la derrota frente a su contrincante, Macky Sall. La gente salió a las calles a celebrar, más que la victoria o la derrota, el mero hecho de las elecciones y el cambio de gobierno por vías constitucionales, lo que coloca a Senegal entre los muy pocos países africanos donde los comicios definen el gobernante.Al otro lado de la frontera, en Mali, en una opereta de esas a las que nos tiene África acostumbrados, un batallón del Ejército al mando de un capitán en impecable camuflado, derrocó al Presidente pocas semanas antes que se llevaran a cabo elecciones presidenciales.Mali se conoce en el mundo por la ciudad de Timbuktú, aquella que evoca un lugar lejano, inhóspito, inalcanzable, al fin del mundo. Otro de esos países africanos con fronteras artificiales, producto de la descolonización del Continente, que desde su independencia no ha conocido sino pobreza, conflicto étnico y golpes militares. Y unos cortos periodos de régimen pseudo democrático. Desde la caída da Gadafi, Mali ha sido inundada por guerrilleros de la etnia Tuareg, armados hasta los dientes, que constituían parte del ejército mercenario del líder libio y que en Mali luchan por la independencia del noreste del país. En las últimas semanas los tuareg han logrado importantes victorias contra el Ejército de Mali mientras que los golpistas acusan al gobierno civil de no haber dado el apoyo suficiente al Ejército para enfrentar la insurgencia. Por esa razón, supuestamente derrocaron al poder civil, encarcelaron a los ministros y se desconoce el paradero del defenestrado presidente, Amadou Toure. Como resultado del golpe, la capital Bamako fue escenario de saqueos, robos, y quemas, habitual en este tipo de eventos, en este tipo de países.Los procesos electorales en África están plagados de fraudes, violencia, intimidación a votantes y en muchos casos, lejos de abrir espacios democráticos se constituyen en un detonante de conflictos étnicos o religiosos en un continente donde el modelo del estado-nación ha fracasado. Por el contrario, la corrupción, guerras civiles, una desinstitucionalización generalizada, hambrunas, desigualdad, pobreza lacerante, enfermedades y desplazamiento se han enquistado en muchas de las naciones africanas, grandes y pequeñas, ricas y pobres.Buena parte de las fronteras y los Estados africanos fueron trazados a lápiz por burócratas europeos en la Conferencia de Berlín de 1884, donde se repartieron los vastos recursos de la región creando Estados vasallos, dividiendo etnias a través de fronteras artificiales y ubicando grupos con conflictivo historial dentro de un mismo Estado. Hace tres años las elecciones en Costa de Marfil dejaron como saldo un país hundido en un conflicto religioso entre el norte islámico y el sur cristiano, unos tres mil muertos y un retroceso de lustros en su desarrollo. Kenia conocido por sus safaris y medallista olímpicos tuvo un proceso electoral sangriento en 2007 que frenó en seco el desarrollo económico del que gozaba, mientras que en Zimbabwe Robert Mugabe gana siempre las elecciones así pierda en las urnas. Los países requieren de años para recuperarse del efecto nefasto de sus procesos electorales.Hay ejemplos, pocos, Suráfrica el más notable, donde el modelo occidental democrático con elecciones periódicas, aparato judicial independiente y prensa libre persisten, pero constituyen la excepción de la regla.

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