Se hunde

Julio 06, 2011 - 12:00 a.m. Por: Marcos Peckel

Al momento de escribir estas palabras las probabilidades de que la mal llamada ‘flotilla de la libertad’ zarpe de puertos griegos a Gaza para romper el bloqueo que Israel impone a esta franja costera, son mínimas, por no decir nulas. A dos embarcaciones misteriosamente averiadas se agrega que el gobierno helénico prohibió la salida de las restantes que se encuentran allí desde hace semanas. El esfuerzo propagandístico, que no humanitario, de varias ONG y centenares de activistas se hunde con cada día que pasa, sin que realmente haya doliente alguno. La flotilla ha sido condenada por el ‘cuarteto’, Estados Unidos, Rusia, la ONU y la Unión Europea, y por otros países, y la cancelación de la participación de la ONG turca IHH la debilitó sustancialmente. Para Israel dos años de acercamiento a Atenas, otrora aliado de los árabes, rinden su fruto. El significativo fortalecimiento de las relaciones económicas, militares y diplomáticas entre los dos países surge de una clara confluencia de intereses coyunturales; Israel después de la guerra de Gaza y del incidente de la flotilla del año anterior perdió a su importante aliado turco, enemigo histórico de Grecia, país que a su vez sufre una aguda crisis económica y social y ve en un acercamiento a Jerusalén una fuente importante de apoyo militar, además de diplomático y económico, a través de Estados Unidos.Llama poderosamente la atención, la imagen que los activistas de la flotilla parecen tener de Gaza, bajo control del grupo radical islámico Hamas desde 2007. El líder del barco canadiense ‘Tahrir’ un cineasta homosexual de Toronto y varios otros participantes de la comunidad gay, no podrían vivir en la franja pues el homosexualismo bajo Hamas es un delito. Las feministas australianas y neozelandesas podrían volcar sus esfuerzos a luchar por los cada vez más restringidos derechos de las mujeres en Gaza. Y muchos de los participantes, judíos y cristianos, llegan a un lugar donde no existe la tolerancia religiosa, donde las pocas iglesias que había fueron incendiadas por activistas de Hamas. La flotilla pone en evidencia además una alianza imposible entre grupos de izquierda y el islam radical. Si a los participantes de la flotilla les preocupa verdaderamente la población palestina, deberían exigirle a Hamas respetar los más básicos derechos humanos y si realmente quieren enviar ayuda humanitaria en vez de realizar un show mediático, existen canales establecidos para tal fin a través de Naciones Unidas y de la Cruz Roja. La difícil situación social en Gaza es responsabilidad de Hamas, organización que no reconoce a Israel ni ha renunciado al terrorismo y que consecuentemente se ha dedicado desde 2005, cuando Israel se retiró de la franja, a atacar al Estado judío con cohetes cada vez más sofisticados y de mayor alcance, situación a la que ningún país del planeta debe estar sometido. En todo caso el bloqueo naval que Israel impone a Gaza desde 2007 con sus debatibles argumentos de legalidad se ha vuelto contraproducente para el Estado judío, le causa reiterados conflictos diplomáticos y de imagen y no cumple con el objetivo propuesto, pues a través de los túneles en la frontera con Egipto, Hamas introduce gran cantidad de armas y cohetes provenientes de Irán. Israel podría con garantías internacionales levantar el bloqueo y así las flotillas y sus ávidos activistas podrían irse con su causa a otra parte donde quizás si puedan ser útiles.

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