¿Salir de Unasur?

Agosto 26, 2015 - 12:00 a.m. Por: Marcos Peckel

No va a solucionar los atropellos contra nuestros compatriotas en la frontera ni las arbitrariedades de Maduro en la conducción de su política exterior hacia Colombia dictadas por la imperiosa necesidad de desplegar cortinas de humo para tapar el colapso de la economía y de la sociedad venezolana y la naturaleza totalitaria de su régimen, contrario a los valores y principios de la democracia. Pero quizás llegó la hora de pensar en darle a Unasur su merecido entierro de tercera. Tras la destrucción de la OEA por parte de Chávez y Lula sumado a la lastimosa gestión de su anterior secretario general Jose Miguel Insulza y el inocuo nombramiento del excanciller uruguayo Luis Almagro, el sistema interamericano adolece de un organismo con la capacidad de mediar en conflictos entre las naciones del continente. Unasur, ese engendro lulo-chavista creado en 2005 recordado por los realities de sus cumbres durante el gobierno del presidente Álvaro Uribe y al cual Colombia adhirió con evidente incomodidad, inicialmente oponiéndose a la creación del Consejo Suramericano de Defensa, no le ha servido a nuestro país sino para enviar a su Secretaría General en Quito a consumados políticos acostumbrado a vivir del erario.Una década después, el organismo sigue buscando su lugar bajo el sol lanzando propuestas fantasiosas como el establecimiento de una fuerza de paz para el posconflicto en Colombia, mientras que revela su impotencia frente a problemas reales como los que actualmente suceden en la frontera colombo-venezolana, los existentes entre Bolivia y Chile y los que el mismo Maduro está creando entre Venezuela y Guyana por el Esequibo. La única vez que Unasur actuó con inusual celeridad fue cuando el Parlamento paraguayo, impulsado por motivos políticos pero ceñido a la Constitución, destituyó al presidente Fernando Lugo. Un Chávez herido tras la pérdida de un aliado de su gran “sueño bolivariano”, logró que los países de Unasur incluyendo el nuestro retiraran a sus embajadores de Asunción. En la misma trampa cayó Mercosur que suspendió a Paraguay, cuyo Parlamento tenía frenada la admisión de Venezuela al bloque comercial, y procedió de manera inmediata a admitir a la República Bolivariana con la cual el bloque está hoy encartado por la ruina de la economía patriota. En otra acción circense tras las elecciones que llevaron a Maduro al poder, denunciadas por la oposición como fraude, Unasur convocó una cumbre extraordinaria en Lima en la cual se le solicitó al tribunal electoral venezolano un reconteo de votos que nunca se hizo. Maduro le hizo conejo a Unasur y nada pasó. En lo referente a la defensa de la democracia y el Estado de derecho, uno de sus puntales fundacionales, poco se puede esperar. En su última cumbre en Ecuador, buscando algún oficio que justifique su mera existencia, Unasur decidió “impulsar 7 proyectos de infraestructura” en Suramérica incluyendo el corredor Caracas-Bogotá. Es claro que de ese proyecto no saldrá nada máxime cuando el organismo no puede ni siquiera ayudar a pavimentar el corredor diplomático Caracas-Bogotá pues Maduro, el que da los contratos, no tiene interés.Las organizaciones internacionales nunca se acaban. Una vez creadas adquieren vida propia, trascienden los altruistas y raramente cumplidos objetivos estipulados en su creación y por más ineficientes e inútiles que sean, sobreviven gracias a una frondosa burocracia y a otorgarle a los Estados miembro ceremoniosas dignidades carentes de contendido. Colombia no se va a retirar de Unasur, por ahora, pero no estaría de más considerarlo.

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