Piano, piano

Piano, piano

Marzo 06, 2018 - 11:35 p.m. Por: Marcos Peckel

Primero fue la destrucción de lo políticamente correcto la cual se consumó con la elección de Donald Trump en noviembre de 2016. Ya se podía volver a ser racista, discriminar a emigrantes, gays, negros, musulmanes, hispanos y judíos. Con el paso de los días Trump se consolida en el poder, ha neutralizado a sus opositores en el Partido Republicano, a los demócratas los tiene dando tumbos, a la gran prensa la ataca sin cesar y ha hecho de su cuenta de Twitter el medio más leído y consultado en Estados Unidos. Se puede mentir, tergiversar y agredir sin consecuencia alguna.

Trump esta trastocando de manera radical los paradigmas establecidos en la forma de gobernar, de manejar las relaciones internacionales y de hacer política, comenzando por cumplir lo que prometió en su campaña por más desorbitado que pareciera.

De comienzo a un precio bajo, retiró a Estados Unidos de la Unión Transpacífica, un tratado en ciernes de libre comercio, y del Acuerdo del Cambio Climático de París el cual tiene tantas áreas grises que no es claro cuál será el real efecto del retiro de Washington. Tras un enfrentamiento con el poder judicial se salió con la suya logrando la exclusión de ciudadanos de algunos países musulmanes a viajar a Estados Unidos.

Rompió sin rubor el consenso internacional sobre Jerusalén a la que reconoció como capital de Israel y adelantó para este mes de mayo el traslado de su Embajada a la Ciudad Santa a pesar de las críticas y condenas proferidas por numerosos países incluidos aliados cercanos.

El tema del libre comercio hizo parte central de la campaña de Trump quien denunció que los tratados de libre comercio han sido nefastos para Estados Unidos, acusó a China y a otros países de prácticas comerciales depredadoras y a la Organización Mundial de Comercio -OMC- de socavar la soberanía del país. Haciendo lo que prometió, está renegociando el Nafta, acuerdo de libre comercio de Norteamérica, y contra tirios y troyanos anunció que impondrá aranceles a las importaciones de acero y aluminio para “proteger a la industria nacional”, con lo cual ‘hace trizas’ los compromisos de Washington ante la OMC, socava los fundamentos del comercio internacional y podría estar dando el ‘pistoletazo’ a una guerra comercial de la cual ha dicho el mandatario que “es positiva y ganable”.

En política exterior Trump ha abandonado la protección de la democracia liberal la que no considera sea una misión de Estados Unidos. En un mundo anárquico en el que Rusia y China crean su propio orden mundial, establecen zonas de influencia y socavan los valores del sistema internacional, la política de la administración Trump, lejos de recluirse en sí misma, se adapta para enfrentar potenciales conflictos fortaleciendo alianzas sin mirar ‘lo que hay adentro’ y amenazando con el uso del poder militar cuyo presupuesto incrementó sustancialmente.

Sólo en el caso de Venezuela, Estados Unidos se ha unido a las sanciones contra la dictadura de Maduro, quizás porque aún prevalece el Departamento de Estado sobre un presidente, para quien al igual que sus antecesores, Latinoamérica es un asterisco en política exterior. Las organizaciones internacionales han sido blanco de los ataques y recortes presupuestales por parte de Washington a las que acusa de ineficientes, corrompidas y contrarias a los intereses de Estados Unidos.

Trump sacó adelante su pretenciosa reforma tributaria con la cual espera llenar el bolsillo del ciudadano medio de Estados Unidos allanando así el camino a su permanencia en la Casa Blanca hasta 2025.

Sigue en Twitter @marcospeckel

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