OEA, sol y sombra

OEA, sol y sombra

Junio 06, 2012 - 12:00 a.m. Por: Marcos Peckel

En Cochabamba, Bolivia, se realiza la asamblea 42 de la Organización de Estados Americanos en un ambiente de desbordada retórica por parte del anfitrión y sus aliados del Alba contra el organismo y su Comisión Interamericana de Derechos Humanos -Cidh-, y ante una lastimosa indiferencia de buena parte de los países que ni siquiera enviaron a sus cancilleres a la cita continental.El tema de la asamblea es la Seguridad Alimentaria y los 53 millones de latinoamericanos que aún padecen de hambre crónica, pero como siempre ocurre en estos eventos, la política se tomó la agenda, al igual que ocurrió en la reciente Cumbre de las Américas en Cartagena.Con todo y arremetida, la asamblea aprobó por iniciativa de Chávez, la ‘carta social’, un nebuloso documento de buenas intenciones que busca enfrentar la pobreza y la desigualdad regionales.No hay duda que la OEA por años actuó con doble rasero expulsando a Cuba en 1962 por violar la carta democrática, pero manteniendo a las temibles dictaduras militares que por décadas asolaron el Continente durante la guerra fría. Sin embargo, en la crisis de Honduras de 2009 el organismo equilibró en algo las cargas al suspender a la Nación centroamericana hasta que fue restituido el orden constitucional.El sistema interamericano es un complejo entramado de organizaciones y tratados que cubre los temas de seguridad continental, salud, emigración, derechos humanos, terrorismo, crimen organizado, medio ambiente y educación. El sistema de becas de la OEA ha permitido a miles de latinoamericanos acceder a educación superior. El Banco Interamericano de Desarrollo fundado en 1959 como iniciativa de la OEA, ha financiado centenares de proyectos. La Cidh y su apéndice, la Corte Interamericana de DDHH, han sido de los más efectivos organismos del sistema interamericano. Varios Estados han sido condenados en demandas interpuestas por individuos, minorías, mujeres y activistas. Colombia lo ha sido en 11 ocasiones por hechos que son parte de nuestra narrativa reciente: Mapiripán, Ituango, La Rochela, Cepeda y otros.Pero es la relatoría por la libertad de prensa que ha sido la más atacada por los países del Alba y la que quieren eliminar, envalentonados por la reculada del secretario Insulza en el tema de Radio Caracas Televisión en la asamblea de Panamá de 2007. Mención aparte merece la pálida gestión del chileno frente a la OEA que no ha demostrado el liderazgo requerido en la compleja coyuntura de diferencias ideológicas en el Continente. Insulza se ha plegado a los que más ruido hacen, léase Chávez, el Alba y a veces Brasil, en detrimento del organismo.En el tema de seguridad continental el Tratado de Asistencia Reciproca -Tiar- y la Junta Interamericana de Defensa fueron los mecanismos paralelos a la OEA para la defensa del continente frente a amenazas externas, sin embargo, ambos se volvieron instrumentos de la lucha de Estados Unidos contra el comunismo. El Tiar tuvo su entierro de tercera en la guerra de las Malvinas, cuando invocado por Argentina, Estados Unidos no la apoyó.Para Colombia la OEA fue escenario del inolvidable reality que se llevó a cabo en los albores del gobierno de Uribe por la presencia de la guerrilla en Venezuela. Este supuesto descontento con la OEA ha llevado a la creación de organismos como Unasur y Celac, los cuales más allá de llamativas siglas y grandilocuentes discursos en escenificados encuentros no han despegado y lejos están de la trascendencia que aún tiene la OEA, que algunos dicen querer acabar pero en realidad todos quieren que siga.

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