Memoria histórica

Diciembre 16, 2015 - 12:00 a.m. Por: Marcos Peckel

El día de ayer se reveló el contenido completo del acuerdo sobre víctimas firmado en La Habana entre el gobierno colombiano y las Farc. En varios apartes del extenso documento se hace alusión a “la construcción y preservación de la memoria histórica”. La construcción de memoria colectiva es un ejercicio complejo in extremis, en el que es necesario hacer la diferenciación entre historia y memoria. La primera se lee desapaciblemente en los libros de texto, la segunda entra al ADN de las naciones, pueblos, regiones, etnias y colectivos humanos y permanece ahí por generaciones. Parafraseando al connotado sociólogo francés Maurice Halbwhachs, fallecido en el campo de exterminio nazi de Buchenwald: “Hablar de memoria histórica es una contradicción en términos”. Así como en la historia hay interpretaciones y narrativas divergentes, más acentuadas son estas en la construcción de memoria. Llamamos a España “la Madre Patria” pues la memoria colombiana decidió identificarse con los conquistadores y no con las poblaciones aborígenes, para quienes su memoria colectiva tiene un diferente punto de partida. La construcción de memoria colectiva es el resultado de un conflicto de memorias hasta que alguna prevalece o simplemente no se logra consolidar una única. En Argentina la memoria de las atrocidades de las dictaduras militares de los años 70 se ha afianzado razonablemente, mientras que en Chile hay conflicto de memorias que ha impedido una narrativa única frente a los regímenes de Allende y Pinochet. En las sociedades que han sufrido eventos traumáticos, guerras civiles, insurgencias o dictaduras, se da un conflicto político por determinar la memoria, por imponer cierto ethos en la interpretación histórica y por enviar al olvido acontecimientos perjudiciales para aquellos que controlan la memoria.La memoria no se construye solo con los testimonios de las víctimas. Se requiere igualmente la versión de los victimarios y cuando estas no coinciden, queda plasmado el conflicto de versiones que impide la construcción de una memoria única. Incluso cuando hay acuerdo sobre el desarrollo de un hecho, una masacre por ejemplo, puede haber interpretaciones diferentes que terminan afectando la construcción de memoria. La memoria del Holocausto, hoy componente básico del ADN judío se sostiene sobre varios pilares. La unidad de versión entre víctimas y victimarios, la aceptación por parte de Alemania de lo ocurrido, el pago de compensaciones individuales, y colectivas al Estado de Israel, y el pedido de perdón por parte de Alemania para quien su responsabilidad es un componente de su propia memoria. Un segundo pilar lo constituyen los testimonios de las víctimas, los sobrevivientes, sus hijos y los verdugos. Un tercer pilar es la férrea defensa de la memoria frente a intentos de destruirla. Un cuarto pilar lo conforman los centros de documentación, el cine, testimonios grabados, conmemoraciones regulares y los símbolos. La sirena que retumba en todo Israel durante dos minutos, el día de conmemoración del Holocausto, con toda la población judía de pie es un poderoso elemento de preservación de la memoria. Arduo trabajo le espera a la “comisión de esclarecimiento de la verdad” encargada de construir la memoria histórica, un desafío colosal por la naturaleza del conflicto colombiano y sus diversos actores. El fracaso en construir una única memoria colectiva tendría consecuencias para el posconflicto, la convivencia y la no repetición. El agrio debate que se dio recientemente sobre los hechos del Palacio de Justicia, uno de esos acontecimientos traumáticos en una sociedad, es un abrebocas que poco augura en el ejercicio de construcción de la memoria del conflicto en nuestro país.

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