Magyares

Magyares

Mayo 08, 2013 - 12:00 a.m. Por: Marcos Peckel

Budapest. Considerada una de las más bellas metrópolis de Europa, la capital de Hungría, fusión de tres ciudades medievales, Obuda, Buda y Pest, cruzada por el Danubio, con su esplendorosa arquitectura de la que fue alguna vez capital imperial y una rica y contradictoria historia, hoy no atraviesa sus mejores días. Capital a ratos del imperio austro-húngaro, bajo la más real de las dinastías europeas, los Habsburgo, quienes construyeron acá majestuosos palacios, monumentos, puentes y plazas que milagrosamente han sobrevivido los embates de una turbulenta historia: la caída del imperio tras la Primera Guerra Mundial, el régimen fascista del Mariscal Horthy, la sangrienta revolución de 1956 reprimida a sangre y fuego por los tanques y aviación soviéticos haciendo valer la repartija de Yalta y los subsiguientes años oscuros del comunismo. Hungría, fundada por los Magyares, invasores que llegaron del Mar Negro y el Cáucaso en el Siglo X, trajeron consigo su singular idioma de raíces desconocidas y crearon una orgullosa nación de amplia producción cultural y matemática. Budapest posee además profundas raíces judías. La sinagoga más grande de Europa, con capacidad para más de 4 mil feligreses, se levanta en la mitad de lo que fuera el barrio judío de la ciudad que hacia 1930 contaba con un 25% de población hebrea. 600 mil judíos residían en Hungría antes de la Segunda Guerra Mundial de los cuales unos 450 mil fueron enviados al campo de exterminio de Auschwitz en los últimos meses de 1944, operación liderada directamente por Adolf Eichman, quien fue condenado a la horca en Israel después de haber sido capturado en Argentina y trasladado clandestinamente el Estado Judío para su juicio y posterior ejecución.Fue en Hungría donde en 1989 se abrieron las primeras grietas en la cortina de hierro cuando miles de húngaros y alemanes del este cruzaron la otrora blindada frontera a la vecina Austria. El país se unió a la alianza atlántica en 1999 y a la Unión Europea en 2004 junto con otros nueve países en la más amplia expansión del bloque europeo. Y llegó la crisis del 2008, que ha arrastrado al fondo del abismo a esa periferia suroriental de Europa y Hungría, aunque no hace parte del Euro, ha sufrido de manera aguda la recesión en el Viejo Continente que ha dejado una estela de graves consecuencias sociales y políticas. El surgimiento de un partido neonazi, Jobbik, de fuertes tendencias antisemitas y anti roma con la parafernalia de la supremacía aria y el uso de violencia callejera ha encendido las alarmas allende las fronteras, especialmente por la permisividad del partido gobernante, también de derecha, y su primer ministro Victor Orban que ha sido a su vez acusado de socavar a través de la legislación las garantías constitucionales y la libertad de prensa.El fenómeno de aparición de partidos nazis en la Europa de la crisis replica lo ocurrido durante los años 20 del siglo pasado. En Grecia, donde comenzó la debacle del Euro y donde después de cinco años no hay ni un solo destello al final del túnel, el partido nazi ‘amanecer dorado’ obtuvo el 17% de los votos en las últimas elecciones parlamentarias y con su discurso racista y nacionalista, crece diariamente en popularidad. Hungría, la de aquel deslumbrante equipo del Mundial de Fútbol de 1954, del inolvidable y sangriento partido de waterpolo en las olimpiadas de 1956 en Melbourne contra la URSS, una vez más en la encrucijada, esta vez por la Europa en crisis que no encuentra su camino.

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