Los hijos de la Hidra

Los hijos de la Hidra

Noviembre 18, 2015 - 12:00 a.m. Por: Marcos Peckel

La “guerra contra el terrorismo” tal como fue concebida y pomposamente anunciada por George W. Bush tras los ataques a las Torres Gemelas ha sido un monumental fracaso y una vez decapitada la Hidra le salieron tantas cabezas que no se sabe cuántas ni dónde. A AlQaeda tras ser expulsado de Afganistán le nacieron vástagos en varias latitudes más efectivos y más letales. El Estado Islámico o Isis es quizás su hijo más pródigo. La invasión americana a Iraq y la primavera árabe causaron el colapso de los Estados en el Levante, desataron una guerra épica entre sunitas y shiitas y exacerbaron el conflicto regional entre Arabia Saudita e Irán. Este escenario apocalíptico es un perfecto caldo de cultivo para el Islam Radical y su mantra de “guerra contra los infieles”.El Islam radical le ha declarado la guerra a Occidente y golpea donde se le presenta la oportunidad, ya sea en Nigeria donde su filial Boko Haram ha asesinado y secuestrado a miles de cristianos, quemado iglesias y escuelas y declarado su propio Califato, o en Kenia donde Al Shabab, la filial somalí del islam radical ha atacado centro comerciales, ciudades y aviones o en el desierto del Sinaí, donde se encuentra acantonado el batallón Colombia parte de la Fuerza Multinacional de Observadores, donde Wilayat Sinai, filial de Isis, ha asesinado a centenares de soldados egipcios y se atribuyó la reciente voladura del avión ruso. Organizaciones terroristas inspiradas en el Islam radical han cometido dramáticos atentados en Londres y Madrid, en Bali y Estambul, en India e Israel.El Estado Islámico controla extensos territorios y ciudades en Siria e Iraq, puertos en Libia, enclaves en Yemen y su negra bandera con las letras blancas en árabe que leen ‘Allah es Dios, Mahoma su profeta’ ondea en diversos lugares de la geografía islámica. Isis representa una poderosa ideología que atrae a miles de jóvenes musulmanes de los confines del Planeta, de todas clases sociales y orígenes, de la misma manera que el comunismo en su momento atraía masas de adeptos. El presidente Francés, Francois Hollande, declaró que los atentados en París son un “acto de guerra” y prometió “represalias sin compasión”. Dado que estos ataques ocurren apenas meses después de la masacre de los caricaturistas de Charlie Hebdo y el ataque al supermercado judío en París, las palabras suenan huecas. Son prueba fehaciente de las limitadas opciones con que cuenta el gobierno galo, más allá de incrementar los ataques aéreos contra el Estado Islámico en Siria, lo que poco efecto disuasivo tendrá contra los terroristas que ya están planeando el siguiente ataque.Una alternativa que parece inevitable ante la magnitud de lo ocurrido es limitar las sacrosantas libertades civiles amparadas en la tradición francesa y europea, lo cual puede significar el cierre de mezquitas donde se prédica el odio y la intolerancia, expulsión de imanes radicales, seguimiento a caridades fachada del terrorismo y una serie de medidas que si bien no eliminan el peligro sirven para menoscabar el ecosistema donde este germina. Un delicado balance entre seguridad y libertad religiosa en momentos que parte de la sociedad francesa comienza a dar serias muestras de hostilidad contra la minoría musulmana.Pagarán justos por pecadores especialmente los refugiados sirios a los que Europa les abrió la puerta al ver en sus pantallas el cuerpo inerte del niño Aylan Kurdi en una playa, pero que podría cerrarlas ante las imágenes de la matazón de París 11/13.

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