Lobos sueltos

Febrero 08, 2017 - 05:20 p.m. Por: Marcos Peckel

Lugar común sería decir que el mundo está sufriendo cambios radicales pues parecieran estar a la vista de todos y los riesgos que estos cambios implican, podrían significar el preludio de una película de terror en la que todos somos protagonistas, no precisamente los que infundimos sino los que sufrimos las consecuencias de lo que se viene.

El posible, evitable quizás, colapso del orden internacional no depende exclusivamente de Trump, pues el neoyorquino no es más que un síntoma de un proceso que viene de años atrás exacerbado por políticas erróneas y paradigmas económicos cuestionables. El haber amarrado la democracia como sistema político a la libertad de mercados y al liberalismo económico formulado por el ‘consenso de Washington’ conllevó a que se culpara a la democracia por la crisis económica y financiera que estalló en 2008 y por otros males producto de los acuerdos de libre comercio y las políticas monetarias restrictivas. La democracia liberal ha generado grandes desigualdades al interior de las sociedades que ahora pasan factura con personajes como Trump y otros quienes amenazan seriamente el modelo democrático liberal en todo el planeta.

El sistema de alianzas militares que se forjó tras la Segunda Guerra Mundial y que contribuyó sobremanera a mantener el orden en el planeta comienza igualmente a resquebrajarse. La Otan y la estrecha cooperación militar entre Estados Unidos y las democracias del Pacífico: Japón, Corea y Australia estarían, con base en las declaraciones del mandatario norteamericano, viviendo sus últimos días o por lo menos próximos a una sustantiva reducción por parte de Washington. Rusia y China que por décadas tuvieron que enfrentar la doble amenaza de la democracia como modelo político, que a pesar de los muros y vallas se colaba al interior de sus propias poblaciones y la superioridad militar sustancial de Occidente, son testigos de cómo ambas se diluyen en un Occidente fracturado presa de fuerzas centrifugas, exhausto y sin respuestas.

Y como reza el adagio: “Cuando el gato se va los ratones hacen fiesta”. Putin y Xi Jinping se relamen con el escenario que les abre la posible ruptura de la represa y hacen sus fríos cálculos, pues los Estados siempre serán Estados, los autócratas siempre serán autócratas y la mezcla de los dos genera dinámicas en las que copar espacios históricos o culturales afines es una necesidad casi que existencial. Los lobos andan sueltos en búsqueda de su presa y todo se vale.

El mundo pareciera estarse deslizando hacia el Siglo XIX, donde predominaba la geopolítica de balance de poder y zonas de influencia con la diferencia que en la segunda década del Siglo XXI los jugadores poseen armas atómicas y nada en el nuevo orden internacional garantiza que no las van a usar. El realismo puro y duro de las relaciones internacionales en el que el amigo de hoy es el más enconado enemigo del mañana. El idilio Putin-Trump puede terminar en un turbulento divorcio.

En el caso de Trump pareciera que su idea de colapsar el orden existente le sirve para sus designios de demostrar que tenía razón al igual que sus medidas contra el Islam fomentan el terrorismo que termina dándole la razón sobre que este era el peligro.

No hay que hacerse ilusiones que el cambio no será tan radical como dicen. Sí será, y pronto. El genio ya salió de la botella y no es posible volver a meterlo. Queda por verse que tan nocivo será.

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