Las nuevas cañoneras de la diplomacia

Julio 18, 2012 - 12:00 a.m. Por: Marcos Peckel

A través de un procedimiento completamente ajustado a la Constitución y a la Ley fue destituido el presidente Fernando Lugo de su cargo en Paraguay. De la misma manera habían sido destituidos el brasileño Fernando Color de Melo y Richard Nixon en los Estados Unidos y pudieron haberlo sido el presidente Ernesto Samper y Bill Clinton. Así establecieron los paraguayos su Constitución, su control político y sus procedimientos. Federico Franco es hoy el legítimo presidente de los paraguayos hasta el fin de su mandato en agosto de 2013. Ante eso no hay nada qué hacer. Claro que fue un juicio político y hubo fuerzas e intereses opositores que motivaron la destitución, obtenida con unas abrumadoras mayorías, pero así está estipulado en la Carta Magna guaraní.Por lo que no se entiende el fastuoso circo que alrededor de este episodio ha montado la diplomacia suramericana, con payasos, malabaristas y el gran domador en cabeza del teniente coronel.Lo que ocurrió en el Mercosur no tiene antecedentes. La entrada de Venezuela al organismo estaba frenada en el Parlamento paraguayo que no la había ratificado. Con la destitución de Lugo, el Mercosur disparándose una ráfaga en el pie, suspendió a Paraguay y con esta magistral leguleyada aceptó a Venezuela, a pesar que como menciona el expresidente brasileño Fernando Henrique Cardoso, Venezuela ni siquiera cumple con los requisitos de membresía.Unasur por su lado, embeleco que fundaron Lula y Chávez hace algunos años, el de los realities de la época de Uribe y que sigue buscando su lugar bajo el sol, demostró en esta crisis su inutilidad, hipocresía y sometimiento a la diplomacia del micrófono. El desfile de cancilleres de Unasur antes del juicio político fue una intromisión que pocos países democráticos habrían admitido.Los más poseídos protagonistas en este novelón, Chávez, Evo, Correa además del nicaragüense Ortega, son los mismos que han modificado la Constitución de sus países para perpetuarse en el poder y que se han ido lanza en ristre contra la libertad de expresión. ¿Eso no constituye acaso un asalto al Estado de Derecho? ¿Y Unasur qué ha dicho? Gobiernos que como el de Chávez siguen apoyando incondicionalmente al régimen de Asad en Siria, con sus 17 mil muertos a cuestas. ¿Esto no atenta contra el espíritu democrático y respetuoso de los derechos humanos del Continente?Deja mucho que desear, el rol jugado en la crisis paraguaya por Colombia, Chile y Brasil que debieron ser más mesurados, pero que incomprensiblemente se dejaron arrastrar. La OEA por su lado, contrario a lo que nos tiene acostumbrados, ha hecho su labor como debe ser, ajustado a la Carta, y esta vez el señor Insulza no se ha dejado amedrentar por el matón del barrio.Por lo demás, la crisis paraguaya es una palpable demostración de la precariedad de las instituciones democráticas en varios países del Continente, presas de intereses particulares, donde se presenta un claro divorcio entre la población y sus elegidos, donde no se ha querido construir sociedades mas igualitarias e incluyentes y donde con pocas excepciones no se ha erigido una verdadera cultura democrática participativa, lo que ha abierto las puertas a regímenes populistas que terminan haciendo más mal que bien. La otrora diplomacia de las cañoneras de Washington parecería estar siendo remplazada por las nuevas cañoneras de la intimidación mediática promovida por Chávez y el Alba y acatada por la pusilanimidad de los otros.

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