La triple frontera

La triple frontera

Abril 06, 2016 - 12:00 a.m. Por: Marcos Peckel

Monte Bental. Esta pequeña colina de imponente panorámica ubicada en las alturas del Golán podría ser el perfecto paisaje para un artista o fuente de inspiración para un poeta. Seguramente para algunos es ambas, a pesar que a pocos metros se desarrolla uno de los episodios más sangrientos que la humanidad haya conocido en el Siglo XXI.Al occidente del pequeño puesto de observación de Naciones Unidas se levantan las nevadas cumbres del monte Hermón compartido por Israel, Siria y Líbano. En invierno el lugar es frecuentado por masas de esquiadores israelíes quienes descubrieron la nieve tras la ocupación de la meseta del Golán por Israel en 1967. Un soldado suizo y una holandesa del contingente de Naciones Unidas matan su tedio en el mirador acercando sus ojos a los gigantescos binoculares para escrudiñar lo que ocurre allende la frontera y departiendo con los turistas que han hecho el ascenso a esta colina.Una triple frontera en la que se juntan tres realidades completamente diferentes pero con vasos comunicantes que transmiten los peores vicios de esta convulsionada región: violencia, sectarismo, amenazas y guerra. Israel, la única democracia de la región y pilar de estabilidad observa como el vecindario que estalló en llamas hace cinco años con la llamada primavera árabe aún no logra extinguir el fuego. Líbano sufre un colapso institucional, sin presidente hace más de 18 meses, rehén de la milicia shiita Hezbollah y del régimen iraní, bregando para que la guerra de al lado no acabe con la paz que tanto costó construir tras la cruenta guerra civil terminada en 1991. Siria, la tercera frontera que se divisa bucólica desde esta colina es el mismísimo apocalipsis.El valor de la vida humana se redujo a nada mientras que combatientes, milicias, potencias supuestamente responsables, países vecinos y organismos internacionales fungen de actores activos o espectadores en esta calamidad llamada Siria, un Estado que colapsó bajo el peso de un sangriento dictador que ha asesinado a centenares de miles, desplazado a millones, generado una crisis humanitaria de proporciones bíblicas y unas potencias regionales y globales enfrascadas en una guerra para proteger su feudo indiferentes al indescriptible sufrimiento humano.No existe una concepción de lo que podría ser una solución al conflicto en Siria o a sus múltiples guerras que han convertido el territorio de lo que alguna vez constituyó un Estado en el epicentro de varios conflictos simultáneos. Guerra civil, guerra religiosa, guerra de proxis, guerra geopolítica y guerra territorial, con múltiples actores, Estados y no estatales. Los cielos de Siria están cogestionados de cazas de varios países que como buitres caen raudos tras su presa. Estados Unidos y su babosa coalición contra el Estado Islámico -Isis-, Rusia en su gesta de salvar a Bashar Al Assad y con la estrategia de tierra arrasada contra los rebeldes ‘moderados’, Turquía contra los kurdos e Israel contra la milicia shiita Hezbollah. Para el dictador sirio la aparición de Isis significó un salvavidas y la supervivencia de uno y otro están intrínsecamente ligadas.Basta girar el cuerpo 360 grados para divisar desde esta colina las tres realidades de tres países vecinos; uno de los cuales, Líbano, ha sido invadido por los otros dos, el segundo, Israel, ha disputado guerras contra los otros dos y el tercero, Siria, ha cesado su existencia como Estado soberano y solo queda un territorio donde la guerra determinará el futuro de la región toda.Sigue en Twitter @marcospeckel

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