La paz

Junio 18, 2014 - 12:00 a.m. Por: Marcos Peckel

No sólo la campaña electoral recientemente concluida tuvo como protagonista “la paz” sino que el presidente electo en su discurso de victoria, se refirió casi que únicamente al tema de la paz, generando inmensas expectativas, más propias de un político en campaña que de un mandatario elegido. Semejante grado de expectativa pude llegar a suscitar la idea que estamos realmente a “un paso” de lograr la pacificación del país tras medio siglo de conflicto armado. Sin embargo, la verdad monda y lironda es que el camino por recorrer es complejo en exceso tanto para llegar a la firma de los acuerdos, como para su implementación. Desde el final de la guerra fría decenas de tratados de paz se han firmado para dar fin a guerras civiles, insurgencias o separatismos, mostrando la realidad que la mayoría de estos han posteriormente colapsado. Muy pocos acuerdos han logrado instaurar “la paz” mientras que algunos conflictos que tenían ropaje político, mutaron hacia otro tipo de enfrentamiento. ¿Por qué fracasan o tiene éxito los acuerdos de paz? Razones para el colapso son entre otras: la incapacidad del Estado y sus instituciones de mantener las condiciones socio-económicas y de seguridad producto de los acuerdos, el empeño de las élites de recuperar privilegios perdidos por los compromisos adquiridos en los acuerdos, que el poder económico y político lo sigan detentando los mismos que antes y que no se haya construido suficiente confianza entre las partes para evitar que temas menores den al traste con lo recorrido.  Un Estado frágil es incapaz de cumplir o garantizar un acuerdo de paz.Los tratados y su implementación deben crear una situación en la cual el costo de volver a las armas sea muy superior al de mantener los acuerdos, así estos no llenen las expectativas de los firmantes como frecuentemente ocurre.  Esencial para el éxito de un acuerdo de paz es el rígido seguimiento post-conflicto, con eficientes mecanismos de verificación y acompañamiento de organismos internacionales.Un gran riesgo se corre cuando se acomete un proceso de paz sin que estén “dadas las condiciones” lo cual es en sí, muy complejo de determinar. Balance militar, cuasi-derrota de una de las partes o “cansancio de la guerra”, podrían considerarse “condición adecuada” pero no necesariamente suficiente.La gran mayoría de las guerras civiles o conflictos internos que han concluido en las últimas décadas ha sido por rendición o derrota del contrario más que por negociación. En la insular Sri Lanka, la guerra civil de 30 años concluyó con la eliminación física de la guerrilla de los Tigres Tamiles en una ofensiva final, modalidad “tierra arrasada” del gobierno que dejó más de 20 mil civiles muertos. En nuestro continente la aniquilación de las guerrillas izquierdistas en el cono sur estuvo acompañada de masivas violaciones a los derechos humanos, desapariciones y ejecuciones extra-judiciales.  Por otro lado sobran los ejemplos de fracaso en tratados de paz rubricados: El de Oslo entre Israel y los palestinos colapsó en un baño de sangre en 2000, el de Filipinas con los separatistas musulmanes y numerosos acuerdos en África. Normalmente cuando un acuerdo firmado fracasa, se crea una situación de violencia peor que la existente previa a los acuerdos. Éxitos, muy pocos. El Salvador, Irlanda, Bosnia aunque en el caso del país centroamericano el surgimiento de las maras dio origen a un nuevo conflicto. Tortuoso y elusivo es el camino a la paz. Que los santos acompañen a Santos.

VER COMENTARIOS
Columnistas
Publicidad