La inhumanidad de la humanidad

La inhumanidad de la humanidad

Mayo 20, 2015 - 12:00 a.m. Por: Marcos Peckel

La expresión “ser más humano” se usa cuando se pretende que alguien o algo actúe con mayor generosidad y desprendimiento, tomando en cuenta los sentimientos de las personas o apiadándose por las desgracias ajenas. Actúan de manera humana individuos u organizaciones altruistas pero definitivamente no la humanidad tal como la conocemos, organizada alrededor de los Estados, esos entes en los que seres anónimos, parte de un frío engranaje, hacen demasiadas cuentas y balances antes de actuar, especialmente cuando de manera ‘humana’ se trata.Estos días diversos lugares del planeta son testigos de excepción de la inhumanidad de la humanidad. Miles de refugiados musulmanes Rohingya, expulsados o huyendo de su natal Myanmar, deambulan hambrientos y sedientos, hacinados en precarias embarcaciones por las alebrestadas aguas del Océano Índico sin que encuentren un puerto que los acoja, hasta que se hunden y fallecen. Los Estados de la región; Indonesia, Malasia y Tailandia juegan ping-pong con la vida de miserables despojados de todo. No muy diferente a lo que ocurre a miles de kilómetros en el Mediterráneo donde miles han sido tragados por el mar mientras Europa, gran responsable de la tragedia de los refugiados africanos que parten de Libia, busca, literalmente, “el ahogado río arriba”, más preocupado por perseguir culpables que por ofrecer gestos de ‘humanidad’. Se podría pensar que con tanta organización internacional, Corte Penal, Consejo de Derechos Humanos y otras tantas, la humanidad habría aprendido algo de los Sarajevos, Srebrenicas, campos de la muerte, Ruandas, escapados de Vietnam y un largo etcétera en los que la indiferencia y la insensibilidad de todos fueron los mayores cómplices en esas épicas tragedias humanitarias que causaron la muerte y el desplazamiento masivo de millones de seres humanos. Sin embargo poco o nada se ha aprendido. En los últimos cuatro años Siria ha servido de telón de fondo a innumerables crisis humanitarias y se ha convertido en el paradigma del nulo valor de la vida humana y de la ineptitud del sistema internacional de salir al rescate de los más débiles, de aquellos ‘desechables’ para quienes sus únicos dolientes son sus seres cercanos. Centenares de palestinos han muerto de hambre en el campo de refugiados de Yarmouk en Siria, en los suburbios de Damasco, sitiado por el ejército de Bashar al Assad, mientras que decenas de miles abandonaron el lugar hacia el Líbano donde nadie los quiso recibir. ¿Dónde están aquellos tan ‘preocupados’ por los palestinos, Estados y organizaciones como el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, cuando Israel está involucrado? No han estado. Demuestran un sentimiento elocuente de ‘humanidad’ politizado e hipócrita. Arabia Saudita hace dos meses bombardea indiscriminadamente Yemen, matando civiles y causando un desplazamiento masivo, incluso de muchos que huyen por el mar ni más ni menos que a… Somalia. Los rebeldes Houtties, apoyados, armados y financiados por Irán hacen lo propio. Un conflicto geopolítico donde lo único que no importa son las víctimas. Tantos miserables y desventurados en lugares tan diferentes del planeta, y observando sus rostros parecen iguales. Aquellos en los barcos, aquellos en los campamentos, aquellos en las interminables marchas por desiertos y montañas, aquellos que tienen la suerte de aun estar con vida. Las mujeres asen con fuerza a sus pequeños, los hombres miran hacia ninguna parte, indefensos e impotentes, sin esperanza y los niños juegan como lo harían en un parque o en Disney. Tanto camino recorrido por la Humanidad en muchas cosas, tan poco en otras.

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