La dolce vita

La dolce vita

Mayo 09, 2012 - 12:00 a.m. Por: Marcos Peckel

Roma. En esta ciudad con nombre de uno de los más grandes imperios que ha conocido la humanidad se entremezclan la herencia de su imperial pasado y su turbulenta historia con su incierto presente y futuro. ‘La cuna de la civilización’, así nos enseñaron, concepto que no resiste el escrutinio de la historia, pues cuando los gemelos Rómulo y Remo fundaron esta metrópoli, con muerto y todo, ya China, India, Japón y los aborígenes americanos habían construido civilizaciones igualmente importantes, algo ignoradas quizás por nuestra visión occidental de la vida.Miles de turistas descienden al centro histórico encarnado por el imponente Coliseo donde los espectáculos otrora no pueden catalogarse precisamente como ‘civilización’ o quizás si, el arco de Constantino con sus refinadas grabaciones y esculturas, el arco de Tito que vanagloria las conquistas de las legiones y el foro romano donde transcurría la vida social del gran imperio, donde sesionaba el senado con sus supuestas tradiciones democráticas, sin olvidar que miles de residentes de Roma estaban marginados de la sociedad. El sol de primavera ya se torna veraniego. Motos, buses articulados estilo Transmilenio, taxis y pequeños carros particulares comparten las viejas calles de pavé de esta efervescente metrópoli.No son días fáciles para la población italiana. La política caótica que ha caracterizado la bota desde la Segunda Guerra Mundial con decenas de gobiernos de corta duración, ex primeros ministros aliados de la mafia y Berlusconi, finalmente legaron una muy compleja situación financiera y económica. Son tiempos de austeridad. El nuevo primer ministro, Mario Monti, y su gobierno de tecnócratas están luchando para estabilizar las finanzas de país, con las mismas recetas que se están aplicando en Grecia y España; severos recortes presupuestales, aumento de impuestos, reformas laboral y pensional, todo de la cartilla del FMI.Políticas que están generando gran descontento social y están abriendo el camino a partidos de extrema, derecha o izquierda, pues la gente, especialmente la clase media, siente que le están pasando cuenta de cobro por algo de lo que no es responsable.El desempleo en Italia llegó al 10% y entre los jóvenes menores de 30 años supera el 35% lo que ha generado un fenómeno muy italiano: emigración. Desde comienzos del Siglo XX hasta los años 60, Italia vio a millones de sus hijos emigrar en búsqueda de oportunidades. Lo mismo ocurre hoy. Australia, Suráfrica, América Latina y Alemania son los destinos preferidos. Aplicando a Keynes, el maniatado gobierno busca desarrollar grandes proyectos de infraestructura, pero el dinero no está o cuesta mucho más.Hay temas que no abandonan los titulares en este país: Berlusconi, con el que la sociedad parece haber desarrollado una relación amor-odio, digna de Freud, sigue apareciendo en diversos procesos judiciales por su bunga-bunga o por oscuros negociados cuando ocupaba el cargo de primer ministro, y la mafia. Un caso sórdido que ocupa los titulares es el de un líder mafioso enterrado en el Vaticano, cuyos restos van a ser exhumados para investigar la extraña desaparición de una joven de 15 años que estaría en el mismo sarcófago y de paso para trasladar el incómodo cuerpo, que yace ahí gracias a que el encargado de las criptas, aseveró que era alguien “muy generoso con los pobres”.Arrecian en Italia los ‘suicidios de austeridad’, personas que han perdido sus negocios o empleos y decidieron poner fin a sus vidas.Para una significativa parte de los 60 millones de habitantes de esta nación, la dolce vita ha terminado.

VER COMENTARIOS
Columnistas