La democracia bolivariana

Enero 13, 2016 - 12:00 a.m. Por: Marcos Peckel

La valiente opositora venezolana Maria Corina Machado, despojada arbitrariamente de su curul y de su derecho a ser elegida, escribió en su cuenta de Twitter hace pocos días, previo a la instalación de la nueva Asamblea Nacional: “Se acercan las horas más difíciles y peligrosas en Venezuela”. Los hechos parecen estarle dando la razón. Era apenas obvio que tras la aplastante victoria de la oposición en las pasadas elecciones parlamentarias que por lo abultado el régimen no tuvo más remedio que reconocer, este haría todo lo necesario para limitar el poder de la Asamblea opositora. La bolivariana no es una democracia en la que la alternancia en el poder sea parte del juego. Por el contrario, el chavismo y el Estado bolivariano son una unidad indivisible, no existe oposición leal ni legítima, sino “pitiyanquis”, vendidos y conspiradores. La democracia es legítima si el chavismo gana, de lo contrario cualquier camino se vale para mantener el socialismo del Siglo XXI.Con todos los poderes cooptados, el Estado bolivariano comenzó su asedio sin cuartel a la Asamblea opositora con todo tipo de artimaña y leguleyadas en lo que es apenas el primer round de una larga contienda de consecuencias imprevisibles entre el régimen y la oposición. Al momento de escribir estas palabras la Asamblea Nacional ha sido despojada de sus atribuciones legislativas al ser declarada “en desacato” por el Tribunal Supremo de Justicia –TSJ- un ente cuya misión no es defender la democracia sino el Estado chavista. La controversia tiene que ver con la intención de Maduro y sus áulicos de quitarle a la oposición la súper mayoría de 112 diputados obtenida en los comicios, neutralizando así las máximas prerrogativas del cuerpo legislativo, incluido el nombramiento de los jueces del TSJ o la convocatoria a Referendo revocatorio. Maduro ya había dado sus primeras puntadas despojando a la Asamblea Nacional de la potestad de elegir los gobernadores del Banco Central un tema crítico en momentos que la economía venezolana sigue en caída libre y el Banco tiene las impresoras a toda marcha emitiendo ‘bolos’ que cada vez valen menos. Adicionalmente procedió Diosdado a inventarse el ‘Parlamento Comunal’, un cuerpo sin funciones definidas, espurio, amenazante y copado de chavistas de camisa y boina roja para hacerle sombra a la Asamblea Nacional.En momentos que el choque de trenes pasa de lo teórico a lo práctico le corresponde a la oposición decidir si acata la orden del TSJ y desvincular a los tres diputados cuya elección ha sido “temporalmente suspendida” y de esa forma sesionar bajo las reglas que le impone el obsecuente máximo tribunal de justicia o continuar sesionando con los diputados cuestionados y emitir leyes que ya el TSJ a priori declaró nulas. En lo económico las visiones del régimen y de la oposición van en direcciones contrarias. Maduro anunció que declarará la “emergencia económica” para “profundar la revolución y enfrentar le guerra económica”, un decreto que gracias a “micos que le colgaron” le permite restringir todo tipo de libertades.El gran reto de la oposición, que debe usar la máxima cautela, es convertir su victoria en resultados tangibles para la gente, lo que buscará impedir el régimen con todas las herramientas a su disposición. Los gravísimos problemas que aquejan a la población: Seguridad ciudadana, inflación, escasez, un aparato productivo destruido tras 17 años de chavismo y el barril de petróleo rozando los 30 dólares, tendrán que esperar a que se dirima una asimétrica la lucha de poderes.

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