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Quedan pocas dudas que el Estado venezolano ha sido copado por...

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Diciembre 02, 2015 - 12:00 a.m. Por: Marcos Peckel

Quedan pocas dudas que el Estado venezolano ha sido copado por una pérfida pandilla cuyo único fin es el lucro a través de empresas criminales y el saqueo de las arcas oficiales hasta que no quede nada que raspar. Para lograrlo han creado una gran masa de idiotas útiles a quienes llaman “pueblo” y han comprado a presidente y primeros ministros de países, islas e islitas para que les provean el paraguas diplomático. Para los Nicolases, los Diosdados, las Delcys y las Cilias el pueblo no son todos los ciudadanos venezolanos sino sólo aquellos que enfundados en camisas rojas vociferan contra la burguesía, el imperio, los vendepatrias y la conspiración internacional. Los mismos que paradójicamente tienen que padecer largas colas para adquirir los escasos productos subsidiados que ofrecen los anaqueles de los ‘supermercados populares’. Una década de bonanza petrolera dilapidada en ‘petrocaribes’, ‘telesures’, ‘petrosures’ y abultadas cuentas en Suiza para los cortesanos del régimen, incluyendo a la hija del Teniente Coronel. De las Misiones que en su momento dotaron a la República bolivariana de una fachada honorable poco queda, pues son los mismos favorecidos quienes ahora sufren el cataclismo económico de uno de los países más ricos del continente. En el ‘Estado bolivariano’ los poderes públicos han sido totalmente cooptados por la satrapía bolivariana. La libertad de prensa desapareció entre cierres, autocensura y cooptación, el Banco Central se convirtió en una gigantesca impresora de ‘bolos’ que cada vez valen menos y la otrora orgullosa Pdvsa en una de las más ineficientes compañías petroleras, con acreencias impagables, desangrada por el Ejecutivo para el pago de favores y llenar insaciables bolsillos. A finales del siglo pasado con un cuarto de los trabajadores actuales, Pdvsa producía un 30% más de barriles de petróleo. Lo único que esta camada no ha logrado robar es la esperanza del bravo pueblo de superar la horrible noche, personificada en valientes líderes de la oposición como Leopoldo López condenado a 13 años de cárcel en un sainete denunciado por el mismo fiscal, o Ceballos y Ledezma quienes han padecido los rigores de las mazmorras bolivarianas o Capriles o María Corina a quien Diosdado despojó arbitrariamente de su curul porque le cantaba las verdades a grito limpio y muchos miles de ciudadanos anónimos que día a día luchan por tener un futuro en tierras patriotas. Maduro y sus áulicos han dejado claro que no aceptarán un triunfo de la oposición en las elecciones parlamentarias del próximo domingo y hay que creerles. O están cocinando un gran fraude o simplemente con el poder del Ejecutivo y maquinaciones propias del régimen, despojarán a una Asamblea Nacional en poder de la oposición de sus poderes, tal como lo hicieron con la alcaldía de Caracas tras el triunfo de Ledezma. Hasta ahora las elecciones la han servido al chavismo para mantenerse en el poder con cierto dejo de legitimidad pero si estas se pierden por un amplio margen encontrarán la manera de mantener la totalidad del Estado en sus manos.Un rayo de esperanza aparece en el horizonte regional con las declaraciones contra Maduro por parte de Mauricio Macri, presidente electo de Argentina o las acciones adoptadas por sectores judiciales y legislativos en Chile o por la negativa de Brasil de hacer parte del circo de Unasur en Caracas, tras la descalificación bolivariana al expresidente de la Corte Suprema de Justicia. El 7 de diciembre se inicia una nueva era en la historia venezolana, para mejor o para peor.

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