Irán 1979 - Egipto 2011

Febrero 14, 2011 - 12:00 a.m. Por: Marcos Peckel

Mucho se ha especulado sobre las similitudes entre la revolución iraní de 1979 y la actual rebelión egipcia; el derrocamiento de regímenes autoritarios, pro occidentales y personalizados en los tiranos de turno, el Sha en Irán y Mubarak en Egipto, las masivas revueltas populares que no pudieron ser reprimidas por los organismos de seguridad y el uso de tecnologías de punta para movilizar a la población. En Irán fueron los casetes grabados por Komeini que se distribuían por millones, y en Egipto, Facebook, Twitter e internet.Pero ahí terminan las similitudes y asoman significativas diferencias entre estas dos antiguas civilizaciones, cada una con su propia y rica historia. En Irán, la antigua Persia, la población es shiíta y en Egipto, árabe y mayoritariamente sunita. Lo que en estas latitudes podría perecer como la diferencia entre el carmelito y el marrón, en la realidad representa profundas diferencias que hacen que las sociedades y culturas de estos dos países tengan muy poco en común.La revolución iraní fue el resultado de un movimiento político, una coalición de fuerzas ideológicas que se unieron para derrocar al Sha, desde el partido comunista iraní, El Tudeh, pasando por liberales, social demócratas, los muyahadin Kalaq -islamistas de izquierda-, además del pueblo raso, millones de musulmanes shiítas devotos. En Egipto, hubo una clara ausencia de agrupaciones políticas haciendo de esta una revolución popular apolítica y sin líderes visibles. Más aún los partidos existentes, incluida la hermandad musulmana, leyeron adecuadamente el sentir independiente de los manifestantes y mantuvieron un bajo perfil, so pena de ser acusados de oportunistas por las masas.La revolución iraní fue religiosa desde su comienzo, bajo el indiscutible liderazgo del carismático clericó shiíta Ayatola Ruhola Komeini. Tan es así que apenas dos meses después de derrocado el Sha, el 98% votó en un referendo a favor de crear una “república islámica”. En Egipto han estado ausentes las manifestaciones religiosas.La partida del Sha, seguida del colapso de las fuerzas armadas y de seguridad, creó un vacío de poder que generó fuertes enfrentamientos entre diferentes grupos y que la población confiará la conducción de su revolución al clero shiíta. Tal vacío de poder no está ocurriendo en Egipto donde el Ejército ha tomado el poder sin oposición real.En Irán, durante los años siguientes, gracias a su formidable apoyo popular, Komeini fue eliminando uno a uno a sus oponentes, ejecutándolos, exiliándolos o encarcelándolos. A los pocos años la teocracia, régimen de los ayatolas, había restringido los principios democráticos que habían inspirado a muchos de los participantes en las épicas jornadas revolucionarias de 1979. El fraude en las elecciones presidenciales de 2009 y las subsiguientes manifestaciones masivas reprimidas a sangre y fuego por el régimen, constituyen la demostración última que la revolución iraní fue secuestrada por el clero islámico radical que hoy en cabeza del líder supremo Ali Kamenei, ha coartado la libertad de prensa, vetado a miles de candidatos a cargos de elección y encarcelado a centenares de opositores. La temible policía secreta del Sha, la Savak, fue reemplazada por los Basij.¿Qué curso seguirá le revolución egipcia? ¿Será una democracia constitucional ejemplo para el mundo? ¿Caerá en unos años en poder de radicales islámicos? ¿Se quedará el Ejército en el poder? Todo está en manos del pueblo egipcio, que con su revolución democrática se coloca una vez más a la vanguardia del mundo árabe.

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