Inteligencia y democracia

Inteligencia y democracia

Noviembre 08, 2010 - 12:00 a.m. Por: Marcos Peckel

Chuzadas ilegales, seguimientos, allanamientos no autorizados, grabadoras ocultas, falsificaciones, falsos testimonios y artimañas similares por las cuales se ha acusado al DAS, no son patrimonio exclusivo del servicio de inteligencia colombiano. Por el contrario, en las últimos años este tipo de actividades han ocurrido en varios países del mundo exponiendo en el escenario público el accionar de sus servicio de inteligencia (SI). A medida que la democracia avanza y la tolerancia hacia abusos de los derechos humanos y civiles se reduce en las sociedades, surge el gran dilema para los Estados de balancear la seguridad nacional con los derechos ciudadanos.En el tema de inteligencia las cosas no son ni blancas ni negras sino llenas de grises. ¿Qué es seguridad nacional? ¿Qué tanto los servicios de inteligencia de un país sirven al gobierno y que tanto al Estado? ¿Qué tanto Estado es un gobierno? ¿Cuáles son realmente las amenazas a la seguridad nacional? Las respuestas no son tan simples. Sin embargo, aceptando que es en la democracia amplia y participativa donde gobierno y Estado más se amalgaman, para los SI debe ser más evidente establecer la línea divisoria entre amenazas a la seguridad nacional y respeto por los derechos ciudadanos. Democracias en proceso de maduración, Latinoamérica entre ellas, encaran más problemas al definir los límites a sus SI.Los SI de la mayoría de países fueron creados bajo circunstancias muy diferentes a las que hoy viven. Naciones pasaron de la dictadura a la democracia y los enemigos hoy son otros; actores no estatales, crimen organizado, tráfico de armas y personas, piratería, corrupción y los SI deben adaptarse a la nueva realidad, máxime cuando gran parte de los nuevos enemigos están enquistados al interior de la sociedad.Un caso para resaltar es Brasil, donde el ex presidente Collor de Mello clausuró las agencias de inteligencia que sirvieron a la dictadura militar y creó un nuevo servicio, Abin, Agencia Brasileña de Información, con la misión de “Desarrollar actividades de Inteligencia volcadas hacia la defensa del Estado Democrático de Derecho…”. Misión loable pero, ¿a cuántos Estados se puede aplicar?Al otro extremo está el SI de Pakistán, el todopoderoso ISI, que en vez de servir al Estado, se sirve de éste, no responde ante nadie y actúa con total libertad e impunidad, en un Estado fallido, rodeado de enemigos que sufre una brutal insurgencia islámica, donde sólo el Ejército y su servicio de inteligencia conforman las instituciones operantes en este país con armas nucleares.En China, donde el Partido Comunista y el Estado son lo mismo, los SI trabajan para el partido dedicando buena parte de sus recursos a cazar disidentes. Situación similar ocurre en la mayoría de los países árabes y en muchos africanos.Una mezcla de legislación eficaz y estrecho control a los SI es la tendencia en las democracias y son los parlamentos como representantes del pueblo los llamados a cumplir estas funciones.De cualquier manera los SI seguirán existiendo, seguirán espiando a enemigos y a amigos, seguirán en muchos casos violando la ley, en otros imponiendo sus propias leyes, unos respetando los DDHH, otros violándolos, unos operando a la sombra y otros a plena luz del día, todos con logros y con fracasos.Y entre tanto la disyuntiva de qué tanto vuelo dar a sus SI la enfrentan todas las democracias del mundo.

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