Hachas y machetes

Hachas y machetes

Julio 27, 2016 - 12:00 a.m. Por: Marcos Peckel

Fue Albert Einstein quien dijo “no sé cómo se peleará la tercera guerra mundial, pero la cuarta será con palos y piedras”. Según palabras que nos dijera hace unos meses Su Santidad el papa Francisco en Roma, “ya estamos en la tercera guerra mundial”, la cual Einstein presuntamente visionó que sería nuclear, aniquilando a la civilización toda dejando sólo piedras y palos. Nunca se imaginó el Nobel que las nuevas armas con las que se pelearía la tercera guerra serían, hachas, cuchillos, machetes y cimitarras, además de carros y hombres bomba. Pues esta guerra al contrario de las anteriores no busca conquistar territorios, ni ocupar islas desiertas, ni disputar batallas épicas, sino crear pánico, amedrentar a la población, despojarla del sentimiento de seguridad colectiva, destruir su confianza, crear una aura de invencibilidad de estos ‘nuevos guerreros’, poner a los Estados contra la pared y venganza, mucha venganza. Todo motivado por la ideología del islam radical que libra una guerra apocalíptica contra todos los que percibe como enemigos del único y verdadero islam; su propia versión. Sus principales enemigos son musulmanes, decenas de miles que han muerto especialmente en Iraq, Afganistán, Siria y Libia, países de población musulmana. Docenas de ataques han sido perpetrados igualmente en los confines del planeta, en Europa y África, en Estados Unidos e India, en Israel y Turquía contra civiles en restaurantes, buses, centros comerciales, trenes, metros, aeropuertos, clubes, sanatorios y un largo etcétera, los cuales tienen mucha mayor repercusión mediática y han creado no solo una sensación de impotencia sino de certeza que pronto habrá otro. Estos fanáticos radicalizados ya sea en las redes sociales, en sus barrios de residencia, en mezquitas, a través de los medios o en su entorno social, creen fervorosamente en lo que hacen y consideran que matando pasajeros con un hacha o degollando a un cura de 84 años en su iglesia avanzan la causa del islam, así como estallando un carro bomba en un parque lleno de niños o inmolándose en una manifestación pacífica. Algunos ataques son obra de los llamados ‘lobos solitarios’ que realmente no se sabe que tan solitarios son, otros cuidadosamente planeados por organizaciones o células individuales, pero el resultado es el mismo y la impotencia de los Estados en evitarlos también. Las masivas movilizaciones de ambulancias, policía, fuerzas especiales, bomberos, zonas acordonadas, bolsas negras con cadáveres regadas tras cada atentado, son elixir para los terroristas, es la irrefutable prueba de su éxito, de su preponderancia, de su invencibilidad, así los perpetradores hayan muerto, pues también eso es lo que buscan. Si la criatura no se corta de raíz las medidas que se tomen; más controles, más guardias de seguridad, más scanners, más bloques de concreto, serán insuficientes. Siempre habrá una hendija por donde un terrorista se cuele y todo lo que necesita es un cuchillo o un hacha. Los terroristas que estrellaron las aviones contra las torres gemelas llevaban corta papeles, pero en su interior la poderosa ideología que los condujo al martirio. El desafío de las democracias liberales está en cómo enfrentar el terrorismo de los que quieren destruirlas sin autodestruirse, sacrificando los valores y principios sobre los cuales están fundamentadas. Máxime cuando la raíz del problema es una ideología, no un arma. ¿Deben las sociedades democráticas tolerar todas las ideas así tengan en su seno la semilla de su destrucción? ¿Cómo se corta el mal de raíz? Es claro que hay respuestas únicas ni fórmulas mágicas. Sigue en Twitter @marcospeckel

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