Gira la veleta

Junio 05, 2013 - 12:00 a.m. Por: Marcos Peckel

La Cumbre de la Alianza del Pacífico realizada hace pocos días en Cali marca el más significativo cambio geopolítico en el continente desde el ascenso de Chávez al poder en 1998. Esta alianza que ya cuenta con cola de varios países para ser admitidos, agrupa a países con economías pujantes, una visión común del futuro basada en inversión, crecimiento, democracia, derechos humanos y libertad de expresión. La cumbre dejó una sensación de haber sido efectiva y rica en resultados concretos, comparada con otras cumbres que de la foto no pasan. Entre tanto los organismos creados en el continente durante los años que estuvo Chávez en el poder y de los que fue su gran inspirador, languidecen entre la irrelevancia y la inoperancia. El Alba está claramente a la defensiva y a la deriva, sin timonel, sin plata, sin líder y sin objetivos distintos a emitir altisonantes declaraciones “contra el imperio”. La solicitud de Ecuador de ser observador de la Alianza del Pacífico es muestra que Correa, educado en Estados Unidos, entiende para dónde soplan los nuevos vientos. El crepúsculo del Alba.La Celac, creación de Chávez y Lula para dejar por fuera a Estados Unidos y Canadá, liderada actualmente por Raúl Castro como presidente protempore, no es más que es un fantasma que fuera de fastuosas cumbres no ha servido para absolutamente nada. Unasur, otro producto de esa geopolítica americana que fenece, cavó su propia tumba en la reciente cumbre de Lima cuando le dieron el aval a Maduro y este les hiciera conejo con el prometido reconteo que nunca se hizo. Colombia debe ayudar a sepultar ese embeleco que nunca encontró realmente su lugar bajo el sol y que no ha dejado nada sino el amargo sabor de una hipocresía política de primer orden. La misma OEA, tan vilipendiada, está enviando señales de cambio después de esa lamentable arrodillada de Insulza en la cumbre de Panamá de 2008 cuando echó para atrás la condena a Venezuela por el cierre de Radio Caracas Televisión. La protección del Sistema Interamericano de Derechos Humanos frente al asalto del Alba lograda en la reciente cumbre en Washington simboliza más que nada el incipiente cambio de dirección. Lástima que Insulza haya anunciado que concluirá su periodo -otros dos años-. Un cambio en la cabeza hubiera sido un gran impulso a este organismo.Gira 180 grados la veleta geopolítica en el continente. El populismo, el discurso antiimperialista, el acoso a los medios, las reelecciones permanentes torciendo las constituciones como ha sido en Nicaragua, Bolivia, Venezuela y la misma Argentina -en Colombia de ese mal nos salvó la corte-, están quedando atrás, bien atrás. Brasil por su lado ha priorizado sus relaciones con los Brics y con el África portuguesa, sin mostrar mucho interés en América y su gran creación, el Mercosur con Venezuela a bordo, cayendo en la irrelevancia. La declaración de la Ocde, el 'club' de países desarrollados, que comenzará negociaciones para la adhesión de Colombia es significativa en el hecho que nuestro país busca otros horizontes más allá del barrio, donde nunca ha sido muy popular. En ese mismo sentido va la insinuación del ministro de Defensa Pinzón de que Colombia podría establecer algún tipo de relación formal con la Otan que podría llegar ser el de ‘asociado’ como ya los son Marruecos, Qatar, Australia, Israel y muchos otros. Se mueven pues las placas tectónicas geopolíticas en América, donde Colombia es protagonista y de qué manera.

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