Geopolítica olímpica

Geopolítica olímpica

Agosto 10, 2016 - 12:00 a.m. Por: Marcos Peckel

Entre los viarios rankings de países existe uno que mide “el poder de las naciones”, un promedio ponderado de variables una de las cuales es “reputación” que incluye factores como influencia cultural, protección ambiental, inclusión social y el lugar privilegiado ocupado por el deporte. Es por esto que desde que comenzaron las competencias deportivas entre países, los olímpicos principalmente, las grandes potencias han establecido como una de sus prioridades destacarse y ganar a como dé lugar, en muchos casos acudiendo a la trampa y al dopaje. En los años de la guerra fría la épica la batalla por medallas entre Estados Unidos y la Unión Soviética y sus satélites trascendía el ámbito deportivo, convirtiéndose en la demostración de superioridad de un sistema sobre otro. Alemania Oriental construyó una formidable fábrica de atletas, especialmente nadadoras que a punta de fármacos barrían en las piletas, mientras que las lanzadoras de bala, disco y jabalina búlgaras y polacas con prominente bozo se colgaban las preseas sin poder ocultar los tratamientos hormonales. Cuando no se permitía la participación de profesionales, los atletas de los países de la cortina de hierro fungían de amateur, siendo que se dedicaban exclusivamente al deporte, lujo con el que los atletas de occidente no contaban. En América Latina los cubanos desarrollaron una inmensa superioridad deportiva sobre el resto del continente.A pesar del palabrerío de “hermandad y armonía”, los atletas ya sea por iniciativa propia u obligados por sus gobiernos, recrean en los escenarios olímpicos las guerras de sus países. Fue en los olímpicos de Berlín de 1936 cuando comenzó a infiltrarse la política en las justas. Hitler montó el show para demostrar la superioridad de la raza blanca hasta que un corredor de raza negra, Jesse Owen, echó por tierra sus teorías raciales.Los juegos de Melbourne 1956 fueron escenario de la “continuación de la guerra por otros medios”. El partido de Waterpolo entre la Unión Soviética y Hungría, país cuya revuelta fue aplastada días antes por el ejército rojo, terminó en una batalla campal. China Comunista se retiró por la presencia de Taiwán y solamente retornaría a los juegos en 1980. La guerra fría se enquistaba en los olímpicos y ahí se quedaría hasta la disolución de la URSS.La olimpiada de México 68 fue precedida por la masacre de los estudiantes de Tlatelolco llevada a cabo por el presidente Díaz Ordaz para evitar que las protestas “contaminaran” la imagen del país durante los juegos. Cuatro años más tarde, con los juegos ya erigidos como gran atracción televisiva planetaria, millones de televidentes fueron testigos de la barbarie de terroristas palestinos que asesinaron a 11 atletas israelíes dejando para siempre marcados con la mancha de la infamia los juegos de Múnich. Posteriormente vinieron los boicots de los juegos de Montreal por los países africanos y los mutuos boicots de Estados Unidos a los juegos de Moscú y de la URSS a los de Los Ángeles. Rio 2016 tiene también montado su tinglado político. El incidente de la nadadora estadounidense Lilly King denunciado a su competidora rusa Yulia Efimova por doparse es apenas otro capítulo más en la geopolítica olímpica, que tuvo como protagonista previo al inicio de las juegos a Vladimir Putin ejerciendo máxima presión para repeler el veto que pendía sobre la delegación rusa por la política de “dopaje de Estado”, con la que el nuevo Zar pretendía elevar el prestigio de su país a través del medallero olímpico; a como dé lugar; como siempre ha sido. Sigue en Twitter @marcospeckel

VER COMENTARIOS
Columnistas