Embarcaciones mortales

Abril 22, 2015 - 12:00 a.m. Por: Marcos Peckel

La historia de la humanidad, especialmente sus capítulos más siniestros, se repiten y se repiten y más allá de rasgadura de vestiduras y sosas declaraciones, nada se hace o se puede hacer para evitar su repetición. Esto ocurre actualmente con los ‘barcos de la muerte’.Durante la Segunda Guerra Mundial decenas de embarcaciones atiborradas de judíos que huían del nazismo eran detenidas en aguas internacionales por las autoridades británicas para impedir su llegada a la entonces Palestina británica. Varios barcos se hundieron, causando la muerte a sus ocupantes mientras que otros fueron conducidos a escuálidos campos de refugiados en Chipre y Mauricio.A finales de los años 70, millones de vietnamitas huyeron de su país en precarias embarcaciones que cruzaban las peligrosas aguas del Océano Índico buscando refugio en países del sudeste asiático que no contaban con los recursos para asistir a los desventurados, en últimas producto de las intervenciones militares de Occidente en la región. Decenas de miles fueron tragados por el mar, varios fueron asesinados por piratas y otros miles padecieron por años en campos de refugiados en Hong Kong, Indonesia y Tailandia. Bandas criminales, con la anuencia del gobierno comunista de Vietnam, se enriquecieron con este tráfico de seres humanos, cobrando gruesas sumas de dinero por el derecho a un ‘cupo’ en las abarrotadas embarcaciones. Hace ya décadas las aguas del Mediterráneo y en menor escala las del Atlántico oriental son surcadas por frágiles embarcaciones que transportan refugiados en búsqueda de una mejor vida en Europa. Las islas Canarias, Malta, las costas de Grecia e islas italianas, Lampedusa especialmente, han sido el puerto de desembarque de aquellas maderas flotantes que tras duras travesías lograron llegar a su destino sin hundirse en el camino Más de 20 mil refugiados han muerto ahogados y centenares de miles han sido confinados en campos de refugiados.El alto aumento de emigrantes en los últimos años es consecuencia principalmente de la ‘primavera’ árabe, causante del colapso de Estados en Oriente Medio, de donde sale hoy en día el grueso de los refugiados, quienes tras una larga travesía por desiertos, llegan a las costas de Libia donde son apiñados en las embarcaciones que los llevan a un futuro incierto. La inacción de la comunidad internacional para detener el genocidio en Siria es responsable de los millones de refugiados que han abandonado ese país a campamentos en Jordania, Iraq y Líbano de donde los que pueden buscan su futuro en una Europa que no los quiere.En esa misma Libia, de donde surcan actualmente la gran mayoría de las embarcaciones, no existe el Estado, sino decenas de milicias que controlan cada una su porción de territorio, situación creada tras la intervención de la Otan que culminó con el derrocamiento de Gadafi. Sin embargo, una vez logrado su objetivo, la Otan desapareció de la escena dejando al país sumido en la anarquía, un ‘Somalia’ en el Mediterráneo, tierra sin ley, paraíso de Yihadistas, traficantes de armas y bandas criminales, una de cuyas más lucrativas actividades es el tráfico de personas. Europa, en gran medida responsable histórico de la situación que genera el torrente de refugiados a sus costas, no tiene respuesta alguna y las imágenes de desahuciados seres humanos ahogados en el Mediterráneo seguirán inundando las primeras páginas, los noticieros y las redes sociales, pues lo europeos parecen más preocupados por proteger fronteras que personas.

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