El pantano de la paz

Noviembre 19, 2014 - 12:00 a.m. Por: Marcos Peckel

La suspensión temporal de las negociaciones de La Habana por parte del presidente Santos, tras el secuestro admitido por las Farc del general Rubén Darío Alzate, es la más seria crisis que ha enfrentado su empeño por lograr la paz y demuestra la gran complejidad inherente a este tipo de procesos.Lastimosamente desde la campaña electoral las negociaciones han tenido que navegar en medio de un ensordecedor ruido de un proceso que comenzó de manera discreta, como debe ser, pero se convirtió en un tinglado mediático y político, donde mandan los micrófonos a los cuales se lanzan ávidamente los que quieren que el actual proceso de paz fracase.Por más ‘blindados’ que estén los negociadores en La Habana, no lo están sus jefes en Palacio y en las montañas de Colombia.Este complejo escenario surge del hecho que la paz divide a los pueblos, pues implica concesiones que no todos los sectores están dispuestos a asumir o los entienden en su debida dimensión. Máxime cuando, como casi siempre, se negocia en medio del conflicto, sin acuerdos sobre cese de hostilidades o reglas mínimas de conducto de la guerra.Por eso es tan necesaria la discreción de los negociadores y de las partes, y a medida que se avanza en los temas de la mesa, se deben de manera unilateral evitar acciones ofensivas de alto perfil que pongan en peligro el proceso. Acciones que obligan a tener que tomar decisiones motivadas más por presiones de la opinión pública o de los medios que por beneficio de la negociación.Tal es el caso del secuestro del general Alzate que puso a Santos contra la pared. No por el hecho del secuestro en sí mismo, pues ante la ausencia de una tregua este podría considerarse ‘legítimo’, sino por la creciente oposición a la negociación por las acciones de las Farc lo cual limita severamente el margen de maniobra del gobierno.Si como se ve una negociación de paz es extremadamente compleja, no es menos el postconflicto para asegurar que lo acordado se sostenga en el tiempo. Desde el final de la Guerra Fría decenas de acuerdos de paz se han firmado para dar fin a diversos conflictos internos, guerras civiles e insurgencias, la mayoría de los cuales han colapsado. Otros han generado conflictos de otra naturaleza y algunos, los menos, han prevalecido y creado una nueva y pacífica realidad. Los Irlanda y el Salvador son más la excepción que la regla.El colapso de acuerdos ya rubricados se debe principalmente a la incapacidad del Estado y sus instituciones de mantener las condiciones socioeconómicas y de seguridad producto de los acuerdos y los empeños de las elites de recuperar privilegios perdidos por los compromisos adquiridos. Un Estado Frágil no tiene cómo mantener un acuerdo de paz.El fracaso de procesos de negociación, como sucedió en Ruanda, Angola e Israel-Palestina, ha conducido a episodios de violencia mayores que los que ocurrían con el anterior status quo.Varios de los conflictos internos que han concluido en las últimas década lo fueron por derrota del contrario más que por negociación: Sri Lanka donde la guerra de 30 años concluyó con la eliminación de los Tigres Tamiles o en nuestro continente con la aniquilación de las guerrillas izquierdistas en el cono sur en un entorno de masivas violaciones a los derechos humanos.Los procesos de paz son un verdadero pantano. Es de esperar que Santos no se hunda en él.

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