El Café de Rick

El Café de Rick

Julio 04, 2012 - 12:00 a.m. Por: Marcos Peckel

Casablanca, Marruecos. En esta ciudad inmortalizada por Humprey Bogart e Ingrid Bergman en la galardonada película de comienzos de los años 40, hay un establecimiento en una esquina cualquiera que para nadie pasa desapercibido. Se trata del ‘Café de Rick’ donde se supone transcurrió el drama de la película, durante la Segunda Guerra Mundial. Además de los consagrados protagonistas, el cigarrillo obtuvo en esa cinta la más efectiva publicidad jamás lograda, como inseparable acompañante de intrigas, conspiraciones, amor y glamour. El hecho es que el sitio de marras nunca existió, sino que fue producto de la imaginación del director de la película, filmada en su totalidad en Hollywood, Michael Curtiz. Fue un avezado empresario quien en 2004 fundó el actual ‘Café de Rick’ adonde llegan miles de turistas de todo el mundo a visitar algo que nunca existió.Casablanca es la capital industrial y comercial del reino de Marruecos. Sobresale en el horizonte la mezquita Hassan II, la tercera más grande del mundo, un faraónico proyecto emprendido por el antecesor y padre del actual monarca, en la que en una noche en el mes sagrado del Ramadán se congregan más de 250 mil feligreses. La ciudad fue sacudida por sangrientos atentados en 2003 cometidos por radicales islámicos. Marruecos obtuvo su independencia de Francia en 1956. España aún mantiene al norte del país los enclaves coloniales de Ceuta y Melilla.A Marruecos llegaron también las protestas de la Primavera Árabe aplacadas por el rey Mohamed VI, quien aceleró el ritmo de reformas que ya había iniciado. Se promulgó una nueva Constitución y se realizaron elecciones al Parlamento, ganadas por el islamista Partido Justicia y Desarrollo, actualmente en cabeza del Gobierno. La nueva Constitución establece que la Nación marroquí tiene raíces islámicas, árabes, bereberes y judías.El monarca aún concentra bastante poder además de ostentar el título de ‘comandante de los fieles’, que basado en la tradición musulmana, le confiere poder inherente para gobernar, por lo que Marruecos está lejos de ser una monarquía constitucional.La corona es blanco permanente de críticas por corrupción, enriquecimiento y excesiva acumulación de poder. Sin embargo las voces que claman por abolirla son minoritarias y las reformas han abierto caminos democráticos que antes no existían, incluyendo, con ciertas limitaciones, la libertad de expresión y mayor poder el Gobierno elegido.Con una economía basada en agricultura y turismo, Marruecos enfrenta serios desafíos sociales, ocupando apenas el lugar 130 en el índice de desarrollo humano de la ONU.En el ámbito internacional Marruecos encara el conflicto no resuelto del Sahara Occidental, región que estuvo bajo dominio español hasta 1975 y hace parte actualmente del territorio marroquí. El frente Polisario, uno de los consentidos de la izquierda durante los años de la guerra fría, ha luchado por la independencia del Sahara desde la salida de los ibéricos. En 1975 Hassan II organizó la marcha verde, una masiva emigración pacífica de marroquíes a la región transformando su realidad demográfica. Un año más tarde el Polisario declaró la independencia de la República Árabe Democrática del Sahara, actualmente reconocida apenas por un puñado de países incluidos los del Alba.Como salida al conflicto Marruecos ofrece un estatuto de autonomía al Sahara, que ante la realidad regional de estados fallidos y terrorismo jihadista, es la más adecuada y realista y goza del apoyo de las grandes potencias y de la gran mayoría de los países del mundo. Entretanto en el ‘Café de Rick’, el viejo piano del cola, transporta la imaginación de los despistados visitantes a las lascivas imágenes de la inmortal película.

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