Dron sobre el Planeta

Dron sobre el Planeta

Junio 13, 2017 - 11:35 p.m. Por: Marcos Peckel

Si uno de esos drones que se ven por doquier tomando fotos estuviera atravesando el planeta, encontraría un panorama entre desolador, apocalíptico, turbulento y algunos remansos de paz y prosperidad. Una geopolítica agitada como no se había vivido hace quizás un siglo cuando la humanidad, sin darse cuenta, se deslizó hacia la Primera Guerra Mundial tras el asesinato de un príncipe en una tal Sarajevo.

El dron captura al inquilino de la Casa Blanca con su ceño siempre fruncido, sacudiendo rabiosamente los cimientos del Planeta sin saber qué va a caer dónde y tecleando sin cesar trinos destemplados. El dron abandona Washington con el presentimiento que cuando vuelva el inquilino ya no va a estar allí y cruza el océano volando entre las fuertes turbulencias que penden estos días sobre el Atlántico y se posa sobre las Islas Británicas, donde no puede contener la risa que le producen unos políticos que creyéndose superiores a sus electores, convocan elecciones para ganar y terminan perdiéndolas, hundiéndose en profusas excusas inútiles.

El dron cruza los aires huracanados del Canal de la Mancha y llega a Bruselas, donde captura a numerosos burócratas en sus mullidas poltronas como si el mundo no fuera con ellos por lo que sigue su vuelo continente adentro. Arriba en Francia desde donde sube una bocanada de aire fresco que sosiega al dron y le permite enfocar mejor al joven presidente en el Eliseo como faro de una esperanza que casi se había perdido. El dron continúa su curso hacia la península ibérica, se aburre rápidamente y gira hacia el norte atraído por la rubia teutona, erigida, quién lo creyera, en la defensora del mundo libre. El dron sobrevuela Alemania impresionado por el progreso, la paz social, la prosperidad, aunque algunos nubarrones se atraviesan a su paso.

Atraído por un fuerte olor a Vodka y humaredas de cigarros cubanos, el dron enruta hacia la madre Rusia. Llega a la majestuosa Plaza Roja con sus cúpulas de mil colores y al Kremlin, el cual trata de perforar con su visión ultrarroja. Las carcajadas desde adentro son ensordecedoras.

Más sutiles, pero no menos alegres, son las risas que le dan la bienvenida a Beijing donde el dron llegó tras atravesar miles de kilómetros de tundra y unos países de nombre que termina con ‘stan’ y que no pudo distinguir. Al alejarse de la capital china y llegar al Pacífico, el dron es fuertemente sacudido por vientos cruzados, misiles norcoreanos, islas artificiales, múltiples diferendos marítimos, japoneses rearmándose y un dictador tropical en Manila.

El dron prende sus motores de emergencia para huir de ahí y tras cruzar nuevamente el Pacífico, llega a las Américas donde se encuentra con una extraña estela de dólares, muchos dólares, algunos políticos y empresarios encarcelados y muchos más gozando del producido que ha dejado una empresa llamada Odebrecht. La pestilencia es insoportable. Sin embargo, faltaba lo peor, al surcar cielos venezolanos los gases lacrimógenos obstruyen sus cámaras, pero el dron es sobrecogido por la valentía y dignidad de miles de patriotas que buscan una vida mejor ante la calamidad que les ha sobrevenido, una enfermedad incurable llamada ‘chavismo’.

El dron gira al oeste y llega a Colombia donde el ambiente de alta polarización hace imposible ver nada, separar lo bueno de lo malo, por lo que el dron incapaz de procesar esa realidad vuelve y toma vuelo.

Finalmente, tras haber atravesado el Planeta, en un acto suicida, el dron llega al Medio Oriente y es inmediatamente derribado sin saberse por quién.

Sigue en Twitter @marcospeckel

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