Diplomacia Siglo XXI

Diciembre 29, 2013 - 12:00 a.m. Por: Marcos Peckel

La Diplomacia, ese oficio embebido de glamour y misterio, no le ha quedado más remedio a través de la historia que adaptarse a los tiempos. Desde la antigüedad cuando asesinaban al mensajero del imperio vecino que traía misivas de los regentes, hasta el tener que negociar con desalmados terroristas, el oficio se ha transformado. Para algunos estudiosos incluso ya se le pueden aplicar los santos óleos. La época de oro de la diplomacia, entendida desde el punto de vista occidental, fue cuando La Europa Colonial se repartió, sin guerras, ni conflictos, a punta de trapisondas diplomáticas, África, Asia y el Medio Oriente, imponiendo el modelo del Estado-Nación con fronteras establecidas por euro- diplomáticos, con los resultados conocidos: estados fallidos, conflictos étnicos y religiosos y estructuras políticas dictatoriales y represivas. Eran las épocas en que el general prusiano Von Clausewitz definía la guerra como la “continuación de la diplomacia por otros medios”, es decir diplomacia hasta donde se pueda, guerra hasta donde toque. Diplomacia de intereses puros y duros. Durante la Guerra Fría, la diplomacia era sencilla; un juego de “suma cero” entre Estados Unidos y la Unión Soviética en el cual “su amigo es mi enemigo” y viceversa, lo que es “bueno para usted es malo para mí”, cuando los países se alineaban con uno o con otro. El fin de la Guerra Fría que posibilitó el ascenso de potencias regionales y creó una agenda global más allá de la geopolítica, ha ocasionado que la diplomacia en la actualidad se mueva en un terreno caótico, donde además de los estados participan actores no estatales, organismos supranacionales y las ONG en un complejo escenario de intereses y prioridades. Un escenario que exhibe una carencia absoluta de liderazgo y dirección, mas caracterizado por ostentosas e inútiles cumbres que por resultados efectivos. La Diplomacia de Punta se hace hoy con Al Qaeda, los Talibán, Hezbollah, Hamas y las Farc . Y con los bancos.El mismo escenario latinoamericano es un ejemplo del caos. Anteriormente existía sólo la OEA y Estados Unidos mandaba. Hoy coexisten Unasur, Celac, Alba, Caricom, Mercosur, Alianza del Pacifico, muestra de una fragmentación continental que genera grandes desafíos a las cancillerías. Un ejemplo es el diferendo entre Colombia y Nicaragua donde no hay un ente o un estado con la capacidad de mediar entre las partes. Siria es el caso más trágico del fracaso de la diplomacia para salvar vidas, el manido concepto de “responder para proteger” nacido en la guerra de los Balcanes y muerto allí mismo, por la ineficacia de un sistema internacional que aún no encuentra las herramientas y mecanismos para actuar en situaciones que así lo ameriten. 120 mil muertos en Siria atestiguan esta falencia.Otra paradigma que cae es que los estados tiene interesas más allá de los gobiernos. Actualmente son los gobiernos lo que fijan las prioridades diplomáticas impulsados principalmente por motivaciones y limitaciones de política interna. Las “políticas de estado”, que no de gobierno en relaciones internacionales, con algunas excepciones, son historia. Otro fenómeno nuevo es la utilización de prestigiosos periódicos para adelantar la agenda diplomática. La reciente columna de opinión de Gustavo Petro en el New York Times se suma a anteriores escritas por Putin, Abbas, Netanyahu y otros. Diplomacia de medios. En la segunda década del siglo XXI para ser diplomático se necesitan amplios conocimientos de economía, guerra, medio ambiente, resolución de conflictos, derechos humanos, manejo de medios y un largo etcétera. Saber coger el tenedor y la cuchara ya no alcanza.

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