Desesperanza Global

Agosto 17, 2011 - 12:00 a.m. Por: Marcos Peckel

Unas fuertes olas de descontento generalizado surcan lo que el intelectual canadiense Marshall McLuhan denominara la Aldea Global, empujando a millones de seres humanos a las calles a protestar contra las estructuras del poder.Grupos e individuos empoderados por la tecnología que permite la comunicación inmediata, a bajo costo y alejada del radar de los gobiernos, han engendrado movilizaciones masivas en diferentes confines del planeta en un claro síntoma que la globalización con sus publicitados beneficios está creando una sensación de desesperanza y frustración.En los países árabes y otros el tema es simple. La población lucha por derechos básicos que por generaciones les han sido negados por los regímenes de turno, como simple ha sido la reacción de algunos de éstos: matar, matar y matar como ocurre en Siria, Yemen, Libia e Irán. En Túnez y Egipto los longevos dictadores sucumbieron a la furia popular. Entretanto, en los países democráticos de Occidente persiste la sensación que los gobernantes no responden a los intereses de la sociedad, sino a los suyos propios, a los de grandes empresas y a contratistas cercanos al poder. Las clases medias que por décadas han sido el soporte del Estado de bienestar y de los sistemas democráticos, sienten que su estándar de vida cae mientras que las desigualdades sociales crecen aceleradamente. Mientras que bancos, instituciones financieras y multinacionales reportan exorbitante ganancias, el presupuesto familiar es cada vez más reducido en su capacidad de adquisición. Desde la plaza del Sol en Madrid hasta las calles de Londres y Atenas, desde las carpas plásticas en los andenes de Tel Aviv hasta las alamedas en Santiago de Chile, desde los barrios de París hasta los consejos comunales del Tea Party en Estados Unidos, la indignación contra los gobiernos, los políticos, la corrupción y los ricos es la nota preponderante. Un sentimiento generalizado de que en las actuales circunstancias no hay futuro, los jóvenes no lo ven para sí mismos y los adultos no lo ven para sus hijos. Los estados parecen impotentes ante el desafío social que están enfrentando y sin fórmulas claras de cómo crear esperanza ante la creciente frustración de la gente. La tecnología y la saturación de información alimentan estas protestas a lo largo y ancho del planeta. La “globalización de la ira” como lo define Tomas Friedman del New York Times.El capitalismo no será reversado como tampoco lo será la globalización. Pretenderlo no es más que puro populismo que llevará a la ruina a quienes lo intenten, véase Venezuela. Las fórmulas de redistribución del ingreso que han practicado varias sociedades ya cumplieron su ciclo útil y no tienen mayor margen de maniobra. El debate entre más y menos gobierno, entre más y menos mercado, entre más impuestos y más servicios está llevando a una radicalización de la política que aliena aún más a los gobernantes de sus gobernados como lo demuestra lo que actualmente ocurre en Estados Unidos. Las crisis económicas parecen repetirse con una mayor frecuencia dejando cada vez secuelas más profundas. La situación actual exige una honda reflexión sobre la naturaleza misma de la sociedad y el papel del Estado. ¿Cómo responder a la frustración de millones de seres humanos para quienes el futuro es incierto y no genera sino temores? ¿Cómo construir un capitalismo más socialista?Las calles claman por soluciones.

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