Desde la cuna de la Primavera

Desde la cuna de la Primavera

Mayo 23, 2012 - 12:00 a.m. Por: Marcos Peckel

Túnez. Fue un 17 de diciembre de 2010. Mohamed Bouazizi, un humilde vendedor de frutas en un pueblo perdido de este país se inmoló frente a una estación de Policía en respuesta a que unos agentes de manera arbitraria le habían decomisado su mercancía, sin saber que su acto cambiaría para siempre la faz del mundo árabe.Dos meses más tarde como consecuencia de multitudinarias manifestaciones, el presidente Zine El Abidine Ben Ali, tomaba un avión rumbo a Arabia Saudita poniendo fin a una dictadura de 23 años. Un mes después caía el dictador egipcio, Hosni Mubarak; meses más tarde el cadáver del líder libio Muhamar el Gadafi era grotescamente arrastrado por las calles de Sirte; el presidente de Yemen, Ali Abdullah Saleh, era obligado a renunciar; las tropas saudíes entraban en Bahréin a proteger a la monarquía sunita de las protestas de la mayoría shiíta y el presidente sirio Bashir al Assad, ante la arremetida popular, comenzaba un despiadado baño de sangre, que ha costado las vida a más de 10 mil personas.Con el paso de los meses, la Primavera Árabe que comenzó por unas legítimas reivindicaciones sociales, económicas y de libertad, se ha transformado en un tinglado geopolítico que ha camuflado el objetivo inicial de las revueltas. Arabia Saudita e Irán inmersos en un épico conflicto tratan de intervenir la Primavera, al igual que las potencias de siempre. En consecuencia, el apoyo que las revueltas están recibiendo de los gobiernos monárquicos del golfo, Qatar y Arabia Saudita, que con sus petrodólares apoyan a los nuevos regímenes a la vez que protegen a sus propias monarquías y a sus similares de Marruecos y Jordania. Su objetivo es que de las cenizas de los caídos surjan gobiernos islámicos, socialmente conservadores dentro de un sistema capitalista y con una política exterior generalmente pro occidental, aliada con los países del Golfo y contraria a Irán.Los grandes cambios que se están gestando en las sociedades árabes hacen parte de un largo proceso que apenas comienza y donde cada país seguirá su propio curso. El Islam, corazón de la fibra e identidad árabes, va a jugar un papel preponderante en cualquier régimen que surja de la primavera a través de partidos islamistas que tendrán que buscar un equilibrio entre las exigencias sociales, la ‘real politik’ y su agenda islámica.Acá en Túnez persiste un moderado optimismo frente al futuro. Sesiona en el país la Asamblea Nacional Constituyente, elegida en las urnas hace unos meses, donde el partido islamista Ennahda obtuvo la mayoría de los escaños. Su líder Rachid Ganuchi compartió honores con Santos en la lista de los 100 personajes más influyentes de la revista Time por su posición moderada, incluyente y democrática. Seyyed Ferjani, miembro del bureau político de Ennahda me dijo en entrevista que sostuvimos en su oficina que el término ‘Sharia’ (ley islámica) que asusta a tanta gente ha sido retirado del texto constitucional.En las calles de la bella capital, de casas blancas, amplias avenidas, tren urbano y mar, se respira libertad. Decenas de nuevos periódicos y emisoras han aparecido, las mujeres visten de cualquier manera, algunas lucen el hijab (pañoleta en la cabeza) y otras el chador (vestimenta que cubre todo el cuerpo). Las discotecas abren sus puertas con llenos a reventar donde el consumo de alcohol, anatema en el Islam, es generalizado.Mientras que en este pequeño país del Magreb la Primavera augura un posible mejor futuro en otros países árabes esta se ha tornado en un dantesco invierno.

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