Desacato, no desacato

Septiembre 11, 2013 - 12:00 a.m. Por: Marcos Peckel

Una vez proferido el fallo de la Corte Internacional de Justicia -CIJ- en noviembre pasado, al gobierno le tocó, sin tener prácticamente ninguna responsabilidad, “bailar con la más fea” y la única estrategia posible que le quedó fue minimizar el daño. Diez meses han pasado y finalmente el Presidente presentó la posición colombiana en cuatro puntos los cuales, ante las circunstancias muy adversas del fallo, lo que hacen es generar más confusión e incertidumbre sobre lo que realmente hará Colombia más allá de las palabras.“El fallo no es aplicable” es acrobacia retórica para evitar usar el término “no acatamos” que tendría consecuencias jurídicas internacionales. “Fallos no aplicables” es un concepto ajeno al derecho internacional por lo que su significado se verá únicamente en el terreno, o mejor en las aguas, con hechos concretos que detallen lo que para Colombia significa la “no aplicabilidad” del fallo de La Haya.El punto referente a “reafirmar la integridad del archipiélago” estaría en contradicción con el fallo, que desintegró el archipiélago enclavando en aguas de explotación económica nicaragüense, los cayos de Quitasueño y Serrana. Una vez más lo importante será lo que Colombia haga al respecto. ¿Patrullar esas aguas que la corte otorgó a Nicaragua? ¿Bloquear el ingreso de embarcaciones civiles o militares nicaragüenses? ¿Llegar hasta un conflicto bélico, impensable en la región en pleno Siglo XXI?El tercer punto referente a la protección de la reserva biosférica Seaflower es otra demostración de cómo conocemos lo que tenemos cuando “no lo tiran en la mesa”. Antes del fallo nadie se preocupaba por los derechos de los raizales, ni los pescadores artesanales. Antes del paro agrario por los campesinos se preocupaban algunos ‘mamertos’. De igual manera, el Seaflower se volvió tema de “seguridad nacional” cuando antes pocos lo hubieran ubicado en un mapa. El cuarto punto de la estrategia mencionado por el Presidente hace referencia a “detener el expansionismo nicaragüense”. Lo primero que se hizo al respecto fue abandonar el Pacto de Bogotá con lo que Colombia rechaza la jurisdicción de la CIJ para futuros diferendos. Ya Colombia en 2002 había renunciado al estatuto de la Corte. El retiro de Colombia del Pacto de Bogotá entra en efecto en noviembre de 2013, sin embargo ese hecho por sí mismo no evita que la corte si así lo decide, actúe y falle sobre cualquier demanda posterior de la cual nuestro país sea objeto. En este mismo punto Colombia asume que tiene al apoyo de países centroamericanos lo cual no necesariamente es así, pues estos actuarán con base únicamente en sus intereses que no necesariamente convergen con los de Colombia.Nicaragua por su parte, ¿qué opciones tiene ante el aparente intento de Colombia de desconocer el fallo de La Haya? Demandar a Colombia ante el Consejo de Seguridad de la ONU donde lo jurídico se vuelve político, por lo que es improbable que Colombia sufra alguna resolución condenatoria máxime cuando dos países poseedores de veto, Estados Unidos y Reino Unido, son aliados estrechos de Colombia. O forzar el cumplimiento del fallo con redoblada presencia militar y civil en las aguas en disputa, como aparentemente ya está haciendo.El primer error de Colombia ocurrió cuando se firmó el acuerdo Esguerra-Barcenas en el cual de ‘buena gente’ le cedimos a Nicaragua la Misquitia, que era parte de nuestro territorio soberano.Ya los historiadores tendrán tiempo de encontrar el ‘Marroquín’ del reciente fallo. Por ahora a hacer lo que se pueda.

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