¿Democracia perfecta?

Mayo 11, 2011 - 12:00 a.m. Por: Marcos Peckel

El lunes 2 de mayo se realizaron las muy disputadas elecciones generales en Canadá, sepultadas en los medios por el alud informativo que produjo la muerte de bin Laden en su mansión de Pakistán. Canadá, el segundo país más grande del mundo, con una población de sólo 35 millones de habitantes, radicados en las cercanías a la frontera con Estados Unidos debido a lo inhóspito de sus vastas extensiones que llegan hasta el polo norte, es también uno de los países más prósperos del planeta con un ingreso anual per cápita mayor a los US$40 mil, ocupa uno de los primeros lugares en el índice de desarrollo humano de la ONU y con ciudades como Toronto y Vancouver consistentemente ubicadas entre las mejores cinco ciudades del mundo para vivir. El país goza de un extraordinario y gratuito sistema universal de salud, educación escolar igualmente gratuita de alta calidad, además de magnificas universidades de talla mundial, todas públicas, pero con fuerte apoyo del sector privado. Una economía jalonada por los sectores minero, petrolero y agrícola que no sufrió la crisis de 2009 y con su sistema bancario incólume, ante la debacle de sus pares americanos y europeos. La corrupción en Canadá, quinto lugar en el listado de Transparencia Internacional es prácticamente inexistente. Canadá, cuyos idiomas oficiales son el inglés y el francés, es un Estado federal con 10 provincias y tres territorios que gozan de amplios poderes, incluida la francesa de Quebec, que por décadas ha sufrido movimientos separatistas que sin embargo han sido derrotados en dos referendos convocados para tal fin. El país goza de amplios consensos sociales, incluido el derecho al aborto, financiado por el Estado, los matrimonios homosexuales, una cuasi constitución denominada elocuentemente ‘Carta de Derechos y Libertades’, y una sociedad multicultural que ha integrado millones de emigrantes de todo el mundo convirtiéndola en caleidoscopio de razas, religiones, culturas e idiomas.Un sistema político parlamentario basado en distritos electorales donde cada residente sabe quién lo representa ante el Parlamento federal, lo que incentiva una fluida comunicación entre los electores y sus representantes. En el concierto internacional Canadá, a pesar de las apariencias y un sutil cambio en los últimos años, ha manejado un política exterior diferenciada de los Estados Unidos -Canadá nunca rompió relaciones con Cuba ni apoyó la invasión a Irak-. Por iniciativa del premier canadiense Leaster Pearson, Nobel de paz, se crearon los cascos azules y durante muchos años las Fuerzas Armadas de Canadá han hecho importante presencia en los contingentes de paz a lo largo y ancho del planeta.Las elecciones del pasado lunes fueron ganadas por el actual primer ministro conservador, Stephen Harper, quien logró obtener una mayoría parlamentaria después de gobernar dos periodos con minoría. Como principal fuerza de oposición quedó el Nuevo Partido Demócrata de centro izquierda y el Partido Liberal de Canadá, el de Pearson y Pierre Trudeau quedó gravemente decimado. Harper se ha acercado a Estados Unidos en su política exterior y es enérgico defensor de Israel, lo que le costó a Canadá ser por primera vez derrotado en una votación para el Consejo de Seguridad por una país insignificante en la ONU como Portugal. Determinar si existe la democracia perfecta es un debate de largo vuelo, como lo es establecer si la democracia y los políticos son una contradicción en términos o una necesidad imperfecta.Sin embargo, Canadá es quizás lo que más se parece a la democracia perfecta.

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