Cuarto de Hora

Cuarto de Hora

Marzo 20, 2018 - 11:35 p.m. Por: Marcos Peckel

Quizás no es sólo un cuarto de hora sino una tendencia que llegó para quedarse, pero parece un hecho consumado que los tiranos de todos los pelambres celebran y hacen el mejor uso de la nueva era que se ha abierto, nunca se cerró del todo, en la política global: el autócrata recargado.

Tal como estaba previsto Vladimir Putin acaba de recibir de su electorado un mandato por otros seis años al final de los cuales, el nuevo Zar de todas las Rusias completará 24 años en el poder. El presidente chino Xi Jing Ping hace pocos días se erigió en ‘emperador’ tras la decisión del Congreso Nacional del Pueblo de eliminar los términos a su mandato presidencial.

Con los líderes de dos de las tres grandes potencias del mundo enquistados en sus tronos sin oposición y con Donald Trump abandonando la política de Estados Unidos de defender la democracia, por lo menos donde les convenía, los ratones hacen fiesta. Erdogan en Turquía se proclama nuevo sultán, tras numerosas reformas a la constitución en las que primero le otorgó poderes omnímodos a la presidencia de lo que era hasta entonces un régimen parlamentario, posteriormente se hizo elegir presidente tras lo cual eliminó los términos de su mandato, ahora “para siempre”.

En Bolivia el presidente Evo Morales, mandatario desde 2006, fue menos sutil. Tras haber sido derrotado en un referendo que buscaba su reelección permanente, simplemente acudió a su cooptado tribunal constitucional el cual ‘desoyó’ la voz del pueblo y le permitió postularse en 2019 para un cuarto mandato en elecciones en las que sin duda saldrá avante de una forma u otra.

Los nuevos autócratas del mundo tienen una deuda de gratitud con el teniente coronel Hugo Rafael Chávez Frías quien los introdujo en el moderno arte de implantar una tiranía disfrazada de democracia. Cambiar la constitución a su medida, destruir o cooptar a los medios de comunicación, polarizar a la población para que el odio reemplace el debate civilizado, atraer a algunos ricos endulzándolos o amenazándolos y aniquilar el poder judicial reemplazándolo por tribunales de bolsillo. Llamar a elecciones asegurándose siempre la victoria. Y si se pierde, desconocer los resultados, inventarse entes que suplan a los que están en manos opositoras como hizo con la alcaldía de Caracas al quitarle los poderes y el presupuesto o con la Asamblea Nacional montándole una constituyente espuria y todopoderosa. No hay fórmula de salida del poder, solo en un cajón.

Los ayatolas iraníes también tienen su mérito en la construcción del sistema autocrático del Siglo XXI: la figura del ‘líder supremo’, un personaje proveniente de lo más granado del clero religioso, elegido por los suyos, quien ejerce el poder absoluto e incontestable y su salida se da igualmente en un cajón. En el trópico un buen ejemplo del autoritarismo ascendiente no es otro que Daniel Ortega, comandante sandinista y presidente vitalicio quien se dio el lujo de acabar de un plumazo con la oposición política sin que nadie en el continente rechistara, ni la Casa Blanca, ni la OEA, ni presidente alguno. O sale en un cajón o le entrega el poder a su esposa.

El Final de la historia que predecía el académico estadounidense Francis Fukuyama, el feliz momento en que la democracia liberal se asentaba en el Planeta todo, resultó un espejismo. El autoritarismo ya no es mal visto, ya no es políticamente incorrecto y queda sólo en manos de las sociedades hacer lo necesario por evitarlo, de lo contrario terminara destruyéndolas.

Sigue en Twitter @marcospeckel

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