Ciudades contra Estados

Abril 09, 2014 - 12:00 a.m. Por: Marcos Peckel

Hace unos cuatro siglos, tras la paz de Westfalia comienza la consolidación del Estado como unidad atómica del sistema internacional, aquel todopoderoso Leviatán de Hobbes, forjador de la sociedad y de la estructura social, con su sacrosanta separación de poderes, parlamentos supuestamente representativos de los pueblos y un infalible poder Ejecutivo. Pero en las entrañas de esos omnipotentes Estados fueron surgiendo ciudades, aglomeraciones urbanas donde poco a poco se iba concentrando gran parte del devenir social, económico, político y cultural.Ese muy europeo modelo del Estado-Nación, que fue introducido a la fuerza en amplios territorios del planeta cuando las potencias coloniales se repartieron las riquezas, creando Estados clientes, artificiales y sometidos, está haciendo agua y en su defecto han surgido poderosas, visibles y empoderadas mega-ciudades. En el tercer mundo donde los Estados han fracasado, las ciudades acogen a millones de seres que han construido por sí mismos espacios de convivencia propios, autóctonos, de abajo hacia arriba, enfrentando a un Estado obstructor o invisible.Espacios desordenados que enfrentan gran cantidad de desafíos: servicios públicos, movilidad, pobreza, miseria, degradación ambiental, agua potable, inequidad, crimen, espacio público, aseo, fragmentación social, energía, educación y otros muchos. Desafíos que deben ser confrontados por la ciudad ante la reiterada incapacidad del Estado.El panorama urbano mundial presenta grandes contrastes. Contrario a las sociedades feudales donde los nobles habitaban en castillos amurallados y la plebe en alejadas casuchas, en las urbes del Siglo XXI ricos y pobres comparten espacios densos que hacen inevitable el contacto social. Según datos del Banco Mundial, BM, ya son más de una docena las ciudades con población mayor a 20 millones, la gran mayoría del tercer mundo. Dos terceras partes del PIB mundial se concentra en 40 megaurbes. En los países desarrollados las mega-ciudades surgen de manera ordenada y armónica. Nacen grandes espacios urbanos de ciudades otrora separadas como la zona Nueva York, Boston, Washington o el Gran Tokio. Por otro lado unos mil millones de personas según el BM habitan en tugurios enclavados en las grandes metrópolis.La ciudad se convierte en un escenario de demandas contradictorias, unos privilegiando el automóvil particular y otros el transporte público, unos los parques compartidos y otros los clubes sociales excluyentes, unos propendiendo por un mínimo vital de agua y otros desperdiciándola, unos luchando por una educación igualitaria y de calidad y otros fomentando la educación privada elitista. Por lo tanto la ciudad se está convirtiendo en un importante jugador en el sistema internacional desplazando a los Estados que si bien siguen ahí como muebles viejos, están cada vez más alejados de las necesidades de sus ciudadanos. Las calles de las ciudades son hoy plataformas para desfogar el descontento social contra los Estados, que siguen siendo los grandes recolectores de impuestos sin que la gente sienta los beneficios.Cada vez más las ciudades adquieren mayor protagonismo en las relaciones internacionales. La Seguridad ciudadana otrora monopolio del Estado es hoy una de las principales funciones de los ayuntamientos. Ante el ascenso de la ciudad como ente geopolítico, el Estado debe encargarse básicamente del manejo macroeconómico, regular servicios y empresas, la protección de las fronteras, la construcción de infraestructura, la justicia, asegurar el abastecimiento alimentario a través de un agro sostenible y eficiente. El Estado debe ponerse al servicio de las ciudades.

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