Canadá

Canadá

Febrero 12, 2014 - 12:00 a.m. Por: Marcos Peckel

Toronto. ¿De qué se ocupan columnistas, políticos y analistas en un país donde las cosas funcionan como Canadá? El sistema de salud pública, sin una sola EPS, es de los mejores y más generosos del mundo, la educación escolar es gratuita y universal hasta grado 12, y las universidades todas públicas, varias se cuentan entre las mejores del mundo, son ampliamente accesibles al total de la población, ya sea por los bajos costos de la matrícula -entre 8 y 10 millones de pesos por año- o por el fácil acceso a créditos educativos.El crimen, especialmente el callejero es prácticamente inexistente, el transporte público -no hay otro- opera dentro de los más altos estándares mundiales, la gran mayoría de los habitantes tiene vivienda propia, la corrupción está muy por debajo de las “justas proporciones” a las que hacía alusión un expresidente colombiano y los servicios públicos cumplen con su función de manera eficiente y a costos razonables. La cultura ciudadana, aquel concepto que tratara de imponer un exalcalde bogotano, sin mucho éxito, es parte integral del ADN de los canadienses.En el centro del éxito de una sociedad como la de Canadá está el Respeto al imperio de la Ley, algo que tiene varias caras: la tradición de hacerlo, las obligaciones del ciudadano frente a sus congéneres y al Estado, las de este que al hacer cumplir las leyes no cae en arbitrariedades ni excesos y el castigo social que implica violar la ley. No se ensalza, ni se hacen telenovelas generosas con los criminales.El sistema judicial es rabiosamente independiente y está conformado por lo mejor de lo mejor, no por lo más amigo de lo más amigo. El sistema político parlamentario, de representación directa donde el elector vota por el candidato al parlamento de su distrito electoral es quizás el más democrático y más cercano al ciudadano quien sabe a ciencia cierta a quién acudir cuando así lo requiere. Un espectro político dominado por tres partidos, conservador, liberal y socialdemócrata que sin embargo se apretujan en el centro. Las elecciones tienden a ser más por personalidades que por programas y el péndulo oscila de un partido a otro cuando el desgaste del líder es evidente. Canadá tiene una sólida estabilidad política y sus primeros ministros tienden a durar varios años en el poder sin necesidad de cambiar articulitos.Un admirable país que se desarrolló en medio de las más inclementes condiciones climáticas, lo que podría explicar su éxito -al momento de escribir esta columna, tras una fuerte nevada, la temperatura exterior era de menos 25 grados centígrados-. El país consistentemente se ubica en los primero lugares en índice de desarrollo humano y calidad de vida.Sin embargo hay otra cara del país, mucho menos amable, aquella de las mineras depredadoras que aprovechando laxa regulación y corrupción en países como el nuestro o Congo, extraen de las entrañas oro, petróleo y otros minerales dejando tras sí tierra arrasada. O el de los enjutos funcionarios de sus embajadas que con una sonrisa de vendedor de aspiradores le niegan la visa a la mayoría de solicitantes tras haber exigido una montaña de papeles y requisitos, tal como ocurre en el consulado en Bogotá. Canadá, gran país pero como todos, con sus esqueletos en el clóset. De eso escriben los columnistas.

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