Brexitando

Junio 29, 2016 - 12:00 a.m. Por: Marcos Peckel

Toda la verborrea, que por estos días se ha derramado tras el referendo del Brexit en medios, redes sociales y corrillos informales, demuestran una cosa: que mucho de lo que se dice son puras especulaciones vacías sobre un acontecimiento del que poco se sabe, pues desde el pasado 23 de junio se está navegando sobre aguas desconocidas. Puras cábalas. De pronto se llega al final del mundo y el barco se cae o de pronto se llega a América pensando que es la india. Como las elucubraciones sobre cómo sería la vida en otra galaxia o que nos depara el futuro en el año 3016. Habladurías.Que es el fin de la Unión Europea, que Escocia se va separar de Gran Bretaña, que las dos Irlandas se van a unir, que sigue Francia, que luego Holanda, que Trump va ganar, que en últimas Gran Bretaña no se va, que llegó el final del capitalismo y un largo etcétera. Todo puede pasar o nada, realmente no hay como pronosticar. El desenlace dependerá de cómo interactúen las diferentes fuerzas políticas, económicas y sociales en Europa, Gran Bretaña y allende las fronteras europeas, qué tanto las elites y focos de poder maniobren bajo la tormenta creada con el referendo, qué tanto puedan encontrar un mínimo común denominador que sirva a todos asumiendo que este se quiere encontrar. Todo esto será un proceso largo, tedioso e incierto de múltiples escenarios.El presente sin embargo desnuda realidades apabullantes. Quedan expuestos los peligros del populismo en todo el mundo, tanto en países desarrollados como en vías de desarrollo. Ese populismo de antecedentes nefastos que surge nuevamente de las alcantarillas como mesías salvador, ante lo prolongado de la crisis económica que estalló en 2008, la baja tasa de crecimiento y un desempleo que no da tregua. Una clase media que siente que se le está moviendo el piso, que su futuro y el de sus hijos está comprometido y una clase trabajadora que no tiene para donde ascender, son el caldo de cultivo perfecto para los populistas ‘vendedores de espejitos’, tanto de izquierda como de derecha.Una realidad que saca a relucir la resiliencia de los nacionalismos, aquellos que la UE ha pretendido suprimir con la supra soberanía en Bruselas. La victoria del ‘Leave’ es la victoria del populismo y el nacionalismo primario, aderezado con falsas promesas y castillos en el aire, que ya están enfrentado la fuerza de gravedad. El mismo nacionalismo que se agita en Francia y Holanda, Austria, Hungría y España, que pone en entredicho el gran proyecto europeo y los beneficios mismos de la democracia liberal. La Europa de hoy exhibe sin rubor el desafío que enfrenta la ‘identidad europea’, si es que algo así existe, frente a los tribalismos originarios.Enseñanza manida del Brexit es la capacidad de líderes de literalmente acabar con sus países. Hitler con Alemania, Chávez con Venezuela, Mugabe con Zimbabue, Duvalier, padre e hijo, con Haití, Mobuto con Congo, Assad con Siria y así sucesivamente. David Cameron no encaja en ese grupo, no es dictador, ni populista, sin embargo el haber convocado temerariamente a un referendo para apaciguar a unos cuantos vociferantes miembros de su partido, jugando póker con el futuro de Gran Bretaña, le pasará una pesada factura histórica.Para saber lo que sucederá tras el referendo del Brexit toca esperar, alquilar balcón, acomodarse y ver como unos seres humanos de carne y hueso ‘salvan la patria’ o la dejan hundir. Cualquiera que esta sea.Sigue en Twitter @marcospeckel

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