Abismo sin fondo

Abismo sin fondo

Enero 24, 2018 - 12:20 a.m. Por: Marcos Peckel

La conformación del Planeta tierra implica que todo abismo por profundo que sea tiene un fondo y ahí llega todo lo que cae. Sin embargo, hay otro tipo de abismos que parecen no tenerlo y en estos ocupa lugar privilegiado el abismo por el cual a velocidad vertiginosa se desploma la República Bolivariana. Cuando se pensaba quizás que ya tocaba fondo, era simplemente una saliente que no detenía la caída libre del pobre país.

Los indicadores son cada vez peores y continúan empeorando. La inflación, imposible ya de calcular, ronda en varios miles por ciento al año, la pobreza rebasó el 50 % y continúa aumentando día a día, las muertes por desnutrición infantil por el cielo, valga la analogía, el Bolívar vale menos que la tinta usada para imprimirlo y cuando acabe de leer esta columna valdrá aún menos; la producción petrolera está por el piso, hay racionamiento de gasolina, ¡de gasolina! en un país asentado sobre las más grandes reservas petroleras del mundo, el aparato productivo yace en ruinas desde los días de aquellos “exprópiese” del Teniente Coronel.

Los indicadores sociales son aún peores: la criminalidad se tomó el país entero, Venezuela es el país con la mayor tasa de homicidios del planeta, los saqueos de mercados por parte de hambrientos ciudadanos son de ocurrencia diaria al igual que las trifulcas en los basurales por un mendrugo de pan, el tejido social hecho trizas, la convivencia ciudadana despedazada y millones de venezolanos buscando para dónde coger huyendo de la miseria en que los sumió el socialismo del Siglo XXI. 2017 fue el peor año del chavismo cuyo único logro tangible fue haber aniquilado a la oposición. La única institución estatal existente es el sanedrín de la Cosa Nostra chavista, llamada Asamblea Constituyente.

El 2018 comenzó con la brutal masacre cometida contra el policía rebelde Oscar Pérez y un puñado de compañeros la cual mostró la cara más cruda del régimen. Hay que recordar los nombres, pues pasarán al panteón de la infamia latinoamericana al lado de los Videla, Pinochet, Castro, Ríos Mont, Montesinos y otros muchos: Maduro, Diosdado, El Aissami, Delsy, Reverol, Tibisay, Padrino, Maikol y otros innombrables.

La comunidad internacional finalmente comenzó a sacudirse ante el horror que se desarrolla a plena luz del día. La Unión Europea ha impuesto fuertes sanciones a las cabezas del régimen al igual que Estados Unidos, que ha manejado el dossier venezolano con prudencia y ha impuesto además restricciones a las transferencias en dólares con lo que asfixia lentamente a Maduro. Latinoamérica ya no es la guarida de refugio del chavismo, por el contrario, el grupo de Lima es el primer intento real, tímido hasta ahora, de aislar al régimen. Unasur y Celac, embelecos lulo-chavistas, yacen en la morgue incapaces de servir de sostén diplomático a la tiranía de Miraflores.

El interrogante para el 2018 es si la caída libre continuará o si finalmente aparece alguna luz al final del túnel, léase el fin de la pesadilla, la defenestración del régimen. Podrían ser los rangos no contaminados de las fuerzas armadas los que saquen a Maduro a medida que la soga internacional se tensa alrededor de la satrapía. Siempre están China y Rusia al rescate pero uno quisiera creer en las palabras de nuestro Nobel: “no hay mal que dure cien años ni pueblo que lo resista”. Está por verse si esto aplica al caso venezolano, si el abismo tiene fondo.

Sigue en Twitter @marcospeckel

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